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Asesinado de cinco balazos en Quilmes: investigan posible venganza por declaración en Paraguay

Un ciudadano paraguayo fue ultimado a tiros el 16 de octubre en San Francisco Solano. Sería testigo clave en un juicio por narcotráfico en su país. Es el segundo crimen atribuido a sicarios extranjeros en dos semanas en el AMBA.

Un ciudadano paraguayo identificado como Julio César Arriola Sosa, de 38 años, fue asesinado de cinco balazos el 16 de octubre en la localidad de San Francisco Solano, partido de Quilmes. El hecho ocurrió alrededor de las 22:30 en la esquina de las calles 861 y 898, según informaron fuentes policiales.

De acuerdo con la investigación, un agresor llegó a pie hasta la vivienda y disparó contra Arriola Sosa cuando este descendía de su Volkswagen Suran. Luego caminó una cuadra y media y abordó una moto en la que lo esperaba un cómplice. El ataque quedó registrado por dos cámaras de seguridad.

Arriola Sosa había llegado a la Argentina el 28 de julio pasado desde Cambyretá, cerca de Encarnación, Paraguay. Trabajaba como albañil y residía con un familiar en El Pato, partido de Berazategui, antes de mudarse con su hermana. El día del crimen, por la mañana, había sufrido un robo en la obra en la que trabajaba en Moreno, donde le sustrajeron el celular.

Fuentes judiciales indicaron que se investiga si el homicidio está vinculado con una declaración que Arriola Sosa habría prestado como testigo en la causa por el asesinato de Ramón Rolando Miño Rolón, ocurrido en el barrio Tacuarí de Cambyretá. La hipótesis no está confirmada en el expediente. El titular de la Dirección Departamental de Investigaciones de Quilmes solicitó información a las autoridades paraguayas a través de Interpol para corroborar o descartar esa línea.

El crimen de Arriola Sosa es el segundo en dos semanas en el Área Metropolitana Buenos Aires atribuido a sicarios contratados por bandas extranjeras. El anterior fue el de Carlos Andrés Migales Viera, de 27 años, asesinado el 4 de octubre en un departamento de Palermo. Tres atacantes ingresaron al inmueble y le dispararon ocho balazos con una pistola con silenciador. Según fuentes policiales, el móvil sería una venganza entre bandas uruguayas.

En un hecho similar, Heriberto Azamendía, de nacionalidad paraguaya y dedicado al narcomenudeo, fue asesinado de 13 balazos en González Catán, partido de La Matanza. El sicario lo llamó por su nombre y le disparó en el rostro; luego abrió fuego contra el búnker donde la víctima vendía droga, con un total de 26 disparos. La identidad se confirmó mediante huellas digitales.

En agosto, los barrios San Luis y San Francisco de Florencio Varela fueron escenario de una seguidilla de homicidios vinculados a una disputa narco. En uno de los episodios, dos albañiles identificados como Ariel Macchi y Franco Herrera murieron baleados desde un Volkswagen Suran gris. Los investigadores sostienen que el ataque apuntaba a otra vivienda de la misma cuadra, utilizada como búnker por una banda rival. Vecinos incendiaron luego esa casa en reclamo de justicia.

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