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Aumenta el divorcio en parejas de más de 50 años en la Ciudad de Buenos Aires

Según datos del Instituto de Estadística y Censos porteño, los divorcios entre personas de 50 a 60 años crecieron en la última década. Especialistas y testimonios describen el fenómeno denominado ‘divorcio gris’.

Los divorcios en parejas de larga duración aumentaron en la Ciudad de Buenos Aires, de acuerdo con registros del Instituto de Estadística y Censos (INDEC) de la Ciudad. Los varones de entre 50 y 60 años pasaron de representar un 11,8% del total de divorciados en 2009 a superar el 18,4% en los registros del año pasado. Entre las mujeres del mismo grupo etario, la proporción subió del 7,7% al 12,1%.

Las estadísticas porteñas reflejan que el aumento se concentra en uniones de más de dos décadas. Los divorcios de parejas que llevaban 25 años o más de casadas representan más del 32% del total de disoluciones registradas en la Ciudad.

El fenómeno, denominado ‘grey divorce’ o ‘divorcio gris’ —el término alude al color de la cabellera de los involucrados—, es abordado por especialistas. Florencia Lorenzo, psicóloga y líder del equipo terapéutico ‘Encontrar mi Psico’, afirmó: ‘Las principales razones de las personas que hoy deciden separarse luego de muchos años de casados tienen que ver con que para prosperar, para mantenerse en el tiempo como tal, una pareja necesita compartir un proyecto’. Agregó que cuando los hijos empiezan a crecer ‘hay que construir juntos un nuevo destino’.

La licenciada Silvina Carmody, desde una mirada psicoanalítica, sostuvo que observa una ‘dificultad para tramitar los duelos y reorganizaciones que exige el paso del tiempo’. Añadió: ‘Con frecuencia, los hijos operan como objeto que organiza y da sentido al lazo conyugal; cuando se independizan, la pareja queda confrontada con aquello que había quedado desplazado o no resuelto entre ambos’.

Ami Torres, terapeuta holística y docente especializada en acompañamiento oncológico, relató su experiencia: ‘Habíamos crecido en forma muy distinta desde que éramos esos niños que se habían puesto de novios. No digo que uno fuera más maduro ni mejor que el otro, sino simplemente distintos y transitando caminos opuestos’. Señaló que su decisión de separarse llegó poco después del fallecimiento de su madre y que en su entorno ‘fue muy natural que eligiera esta nueva vida’.

Sandra, quien prefirió no dar su apellido por conflicto por bienes con su expareja, declaró: ‘Para mis padres fue inentendible que yo quisiera separarme, incluso cuando nuestros chicos ya no vivían con nosotros’. Agregó: ‘Creo que las mujeres de la Generación X perdimos el miedo a decir basta’.

Lorenzo indicó que las personas de más de 50 años ‘están buscando el disfrute y la plenitud, ya no están con el otro sólo por la inercia del paso del tiempo’. Carmody explicó que el fenómeno puede leerse como ‘un efecto de época relacionado con la caída de los mandatos del para toda la vida’ y que ‘la simplificación legal acompaña ese movimiento cultural, pero el trasfondo es un corrimiento en lo simbólico: separarse dejó de ser vivido mayoritariamente como falla o fracaso’.

Consultada sobre el momento de la separación, Ami Torres manifestó: ‘Al principio el vínculo no sólo cambia, sino que también se resiente muchísimo. Hubo mucho enojo, grandes crisis de llanto, reclamos y gritos. Sin embargo, con los años nos fuimos adaptando a la nueva situación de separados y recuperamos la amistad y la confianza’. Sandra describió: ‘Para mí, el día cero fue fuerte, pero para el día tres ya sentía una enorme liberación’.

Lorenzo señaló que a las consultas llegan personas de esta edad con temores sobre cómo se transformará el vínculo familiar y cómo tomarán la decisión sus hijos. Carmody agregó que comunicarlo a la familia ‘implica también anticipar el impacto que la noticia tendrá en la psiquis de los hijos, cualquiera sea su edad, y sostener un relato que no los ubique como testigos de una guerra ni los convoque a tomar partido’.

Ami Torres concluyó: ‘Luego de divorciarme no tuve necesidad ni ganas de volver a formar pareja, pero supe armar una vida que hoy me hace muy feliz. Me siento plena, ayudo a los demás desde mi labor con pacientes oncológicos, tengo un gran vínculo con mi hijo, viajo a la Patagonia que es mi lugar en el mundo cada vez que puedo. No estoy arrepentida de haberme casado, para nada, pero creo que en este momento de mi vida soy realmente yo’.

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