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Humedad y pronósticos de El Niño fuerte elevan el riesgo de enfermedades en la soja 2026/27

Un especialista advierte que las condiciones climáticas previstas para la próxima campaña favorecerán el desarrollo de patógenos que afectan al cultivo. La combinación de lluvias abundantes, posible primavera fría y mayor superficie de soja sobre soja incrementaría la presión sanitaria.

La campaña de soja 2026/27 comenzará con un escenario sanitario que, según un especialista, requiere atención. La combinación de pronósticos de abundantes precipitaciones, una posible primavera con temperaturas inferiores a las habituales y una mayor participación de la soja en la rotación podría generar condiciones propicias para distintos patógenos que afectan al cultivo.

El ingeniero agrónomo Daniel Ploper, Investigador Emérito y ex Director Técnico de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), afirmó que el riesgo no se limita a una enfermedad en particular. “De los más de 100 microorganismos patógenos capaces de afectar a la soja, alrededor de 35 pueden provocar pérdidas económicas significativas”, declaró. Su impacto, explicó, depende de la región, las condiciones ambientales de cada campaña y el nivel de resistencia que presente el cultivar elegido.

Entre las patologías que pueden aparecer desde las primeras etapas del cultivo se encuentran las podredumbres de semillas y el damping-off, especialmente cuando se combinan temperaturas moderadas con suelos anegados. A este complejo se suma la podredumbre de raíz y base del tallo, causada por Phytophthora sojae, capaz de provocar la muerte de plantas durante prácticamente todo el ciclo.

Otra enfermedad que puede ocasionar pérdidas de plantas es la podredumbre carbonosa, producida por Macrophomina phaseolina. Su desarrollo, sin embargo, está particularmente asociado con situaciones de estrés, sobre todo cuando las plantas atraviesan períodos prolongados de temperaturas elevadas y falta de humedad.

El síndrome de la muerte súbita, provocado por distintas especies de Fusarium, también constituye una preocupación relevante. Según Ploper, aunque el patógeno genera una podredumbre de las raíces, los síntomas más evidentes aparecen en las hojas, desde el final de la floración. Las pérdidas pueden ser mayores cuando la enfermedad se manifiesta durante las primeras etapas reproductivas.

En ambientes frescos y húmedos hacia el final del verano, en tanto, puede adquirir importancia la podredumbre húmeda del tallo, causada por Sclerotinia sclerotiorum. La enfermedad comienza a provocar la muerte de plantas a partir de la floración y puede alcanzar elevada incidencia en determinados lotes.

El clima como factor de riesgo

La perspectiva climática para la nueva campaña agrega un elemento determinante. Existe coincidencia entre los pronósticos respecto de la presencia de un fenómeno de El Niño fuerte, con posibilidades de extender su influencia más allá del próximo verano. En ese contexto, Ploper señaló que “las condiciones ambientales tienen una influencia directa sobre el desarrollo de las enfermedades de la soja”. Una primavera fría podría retrasar la germinación y dejar a las plántulas expuestas durante más tiempo a los patógenos presentes en el suelo.

Más adelante, la combinación de humedad y temperaturas elevadas favorecería a diferentes microorganismos, entre ellos numerosos patógenos necrotróficos, capaces de sobrevivir en los restos del cultivo anterior.

Este último aspecto adquiere particular relevancia para la campaña 2026/27. Durante los últimos años se produjo una mayor alternancia entre soja y maíz, en comparación con el predominio del monocultivo de soja de décadas anteriores. Esa rotación contribuyó a reducir la cantidad de inóculo de determinados patógenos. Sin embargo, una eventual disminución del área de maíz y un incremento de la superficie destinada a soja podrían traducirse en una mayor cantidad de lotes de soja sobre soja.

De concretarse ese escenario, aumentaría la disponibilidad de inóculo capaz de iniciar nuevas infecciones, especialmente en aquellas enfermedades cuyos agentes sobreviven en los rastrojos.

Las enfermedades foliares, bajo la lupa

Entre las patologías que afectan la parte aérea de la planta se encuentran la mancha marrón (Septoria glycines) y el tizón de la hoja (Cercospora kikuchii), dos de los principales componentes del complejo de enfermedades de fin de ciclo. Estas patologías pueden acelerar la maduración, reducir el rendimiento y afectar la calidad de la semilla.

En el norte argentino también cobra importancia la mancha anillada, causada por Corynespora cassiicola.

Pero una de las enfermedades que requiere mayor atención es la mancha ojo de rana, provocada por Cercospora sojina. Se trata de una de las enfermedades foliares más destructivas del cultivo y su desarrollo se ve favorecido por ambientes cálidos y húmedos.

Ploper recordó como antecedente las importantes epifitias registradas en el NOA en 2000 y en la región pampeana durante 2009 y 2010. “La experiencia de las epifitias anteriores de mancha ojo de rana en la región pampeana debería constituir una fuerte advertencia sobre las pérdidas potenciales”, sostuvo.

La vulnerabilidad puede estar condicionada, además, por la genética utilizada. Muchos de los cultivares actualmente sembrados presentan susceptibilidad a esta enfermedad y el agente causal posee variabilidad patogénica, por lo que la resistencia disponible no debe considerarse un factor estático, advirtió el especialista.

En el norte del país el panorama incorpora otro componente: la roya asiática de la soja (Phakopsora pachyrhizi), que bajo condiciones favorables puede generar pérdidas importantes, particularmente en las regiones NOA y NEA.

Las lluvias abundantes también podrían extender el riesgo hasta la cosecha. Si las precipitaciones se mantienen hasta entrado el otoño, podrían presentarse dificultades operativas y, simultáneamente, condiciones favorables para los patógenos que colonizan vainas y semillas, con consecuencias sobre la calidad comercial.

Manejo integrado, de la semilla al monitoreo

Frente a este escenario, Ploper planteó que el manejo sanitario no debería depender de una única herramienta. “Se dispone de métodos culturales, biológicos y químicos, que deben combinarse dentro de programas integrales de manejo del cultivo”, señaló.

La rotación de cultivos ocupa un lugar central, especialmente frente a enfermedades cuyos agentes sobreviven en los restos vegetales. Su utilidad alcanza a buena parte de las enfermedades foliares, las enfermedades de fin de ciclo y la mancha ojo de rana.

La calidad de la semilla constituye otro punto de partida. El uso de semillas con elevada calidad fisiológica y sanitaria, libres de patógenos, permite reducir los riesgos durante la implantación y mejorar las condiciones iniciales del cultivo.

También resulta decisiva la elección del cultivar. Según el especialista, actualmente existen altos niveles de resistencia frente a enfermedades como la podredumbre de raíz y base del tallo, el cancro del tallo y la mancha ojo de rana. Para otras patologías se dispone de niveles intermedios de resistencia, entre ellas la podredumbre húmeda del tallo, el síndrome de la muerte súbita, el mildiú y la mancha anillada.

En cambio, para enfermedades como la podredumbre carbonosa, la mancha marrón, el tizón de la hoja y la antracnosis no existen actualmente niveles efectivos de resistencia varietal, lo que refuerza la necesidad de complementar la genética con otras estrategias.

Los fungicidas curasemillas permiten proteger al cultivo durante la implantación frente a las podredumbres de semillas y el damping-off, mientras que los fungicidas foliares se utilizan principalmente para las enfermedades que afectan la parte aérea, con especial atención a las etapas reproductivas avanzadas.

El manejo químico, no obstante, también requiere planificación. Los productos deben estar registrados para soja y ser adecuados para el patógeno que se busca controlar. Ploper recomendó además rotar y combinar fungicidas con diferentes modos de acción, incorporando productos multisitio cuando corresponda, para disminuir el riesgo de generar poblaciones de hongos resistentes.

Por último, el monitoreo sistemático será una herramienta decisiva durante una campaña que podría presentar una elevada presión sanitaria. Detectar tempranamente los primeros síntomas permite definir con mayor precisión cuándo y cómo intervenir.

En definitiva, el panorama sanitario de la soja para 2026/27 estará fuertemente condicionado por el clima, pero también por las decisiones tomadas antes y durante la implantación. La combinación de rotación, semilla de calidad, genética, tratamientos adecuados y monitoreo aparece como la estrategia para reducir el impacto de enfermedades que, bajo un ambiente favorable, pueden comprometer tanto el rendimiento como la calidad de la producción.

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