Un informe global revela el malestar de los jóvenes de 14 a 30 años, que ya representan el 25% de la población mundial y serán el 30% de la fuerza laboral en 2030.
El Rastreador de Protestas de Carnegie contabilizó 53 manifestaciones de 10 mil personas o más en 33 países el año pasado. Con variaciones, muchas de las causas eran comunes: frustración ante una desigualdad en aumento y una fuerte concentración del ingreso, alto costo de vida, dificultades para encontrar trabajo o empleos deficientes, corrupción, incertidumbre y dudas ante un panorama muy diferente del que pudieron disfrutar sus padres.
Protagonista de esas protestas es la Generación Z, los nacidos entre 1996 y 2012, es decir, quienes hoy tienen entre 14 y 30 años, según Pew Research Center. Representa el 25% de la población mundial y para 2030 será el 30% de la fuerza laboral global. Un estudio de Bloomberg le adjudica la caída de líderes en Nepal, Madagascar y Bulgaria, y el incesante malestar con el que lidian gobiernos desde Indonesia hasta Serbia, Perú y México.
A fines del año pasado, el modelo de aprendizaje automático de Bloomberg Economics, analizando más de 22 millones de datos, identificó una ola global de descontento que lleva a la Generación Z a protestar frente a “un futuro distópico”, detonado por las problemáticas reseñadas más arriba, y la sensación de que las tradicionales estructuras económicas les están fallando; una ola de la que Argentina no escapa. El descontento, según el informe, suele canalizarse a través de aplicaciones como Discord.
¿Pero qué quiere y cómo piensa esta generación? Un estudio de Zuban Córdoba a mediados del año pasado, en una población general de entre 16 y 30 años, da algunas pistas. A un 62% de los encuestados, la política le interesa “mucho” (22,2%) y “algo” (39,8%), aunque a un 77% le genera “sentimientos negativos”. Las universidades son las instituciones en las que más confían: aparecen al tope con un 65% de respuestas. En el fondo de la tabla se ubican el Congreso, con 22,4%, los partidos políticos, con 15,7% y los sindicatos, con 12,4%.
Es interesante la mirada sobre la democracia: para un 68,8% “es preferible a cualquier otra forma de gobierno autoritario” (frente al 73,7% del dato general) y sólo un 11,8% afirma que “en algunas circunstancias, un gobierno autoritario es preferible a un sistema democrático” (frente al 10,8% general). Sin embargo, a la pregunta “¿Cómo dirías que funciona la democracia en Argentina?”, el 48,4% respondió “Mal”, superando al 45,6% que dijo “Bien”.
Sobre los partidos políticos, el 80,9% sostiene que “sólo buscan sus propios intereses”; el 80,3% que “me representan cada vez menos” y el 73,9%, “no se preocupan por lo que piensa la gente como yo”. Un 58,5%, sin embargo, cree que “sin partidos políticos no puede haber democracia”. Respecto del rol del Estado, el 83,1% considera que “debe garantizar la salud y educación públicas”, el 68% que “debe proteger a los más vulnerables”, el 67,8% que “la única forma de terminar con el delito es con mano dura”, el 59,4% que “se debe restringir la entrada de inmigrantes al país”.
En materia de ideología, el 21,4% se ubicó en el centro; el 15,1% en el centro izquierda; el 10,2% en el centro derecha; el 21,1% en la derecha y el 4,1% en la izquierda. Un 6,5% en la extrema derecha (en la población general es el 3,3%), frente al 1,6% que dijo estar en la extrema izquierda. A la hora de señalar el principal problema de los jóvenes, el 26,8% refirió la situación económica; el 19,5%, trabajo; el 17,7%, educación y el 10%, corrupción.
Como conclusión, de este y otros estudios, la primera generación nativa digital de la historia cree en la democracia como sistema pero cuestiona su funcionamiento; defiende la existencia de partidos, pero critica la manera en que funcionan; exige otra forma de relacionamiento, no se deja arrastrar por el marketing que vende a un candidato, rechaza las propuestas vacías, condena las promesas incumplidas y reclama coherencia, transparencia y autenticidad.
