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Asma Mhalla: “La geografía de la doctrina se está trazando en tiempo real y Buenos Aires está dentro de ella”

La politóloga francesa Asma Mhalla, especialista en geopolítica de la inteligencia artificial y las grandes tecnológicas, advierte sobre la creciente imbricación entre el Estado y las empresas tecnológicas, y sitúa a la Argentina como un caso paradigmático en su análisis sobre el “fascismo-simulacro” y la lógica totalitaria contemporánea.

La pensadora francesa Asma Mhalla, doctora en Ciencias Políticas por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París (Ehess) e investigadora becaria en la Universidad de Nueva York (NYU), participará de la Noche de las Ideas en Buenos Aires el viernes 22 y sábado 23 de mayo. En una entrevista con LA NACION, Mhalla analizó el rol de las empresas tecnológicas en el gobierno y la vida cotidiana, y advirtió sobre el “fascismo-simulacro” y la lógica totalitaria de la época.

Mhalla se refirió al manifiesto publicado por la empresa Palantir, liderada por Alex Karp, que sostiene que “la capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro, y el poder duro en este siglo se construirá sobre software”. Palantir ha firmado más de 100 contratos con quince agencias federales de Estados Unidos por casi 900 millones de dólares.

Consultada sobre el uso de los términos “fascismo” y “totalitarismo”, Mhalla afirmó: “Fascismo, en mi uso, nombra una forma política: líder carismático, enemigo declarado, movilización ritual, desprecio por el registro parlamentario, una estética de la fuerza”. Agregó que la versión actual “preserva la ceremonia democrática” pero con “una lógica amigo-enemigo que estructura al Poder Ejecutivo”. A eso lo denominó “fascismo-simulacro”. Sobre el totalitarismo, señaló que nombra “la saturación de la vida social, perceptiva y cognitiva por un único principio ordenador”, donde “la cognición, la percepción, los afectos, la atención, el lenguaje pasan por infraestructuras de propiedad privada que operan como una tecnología total”.

Respecto de la relación entre empresas tecnológicas y el Estado, Mhalla sostuvo que “la soberanía ha migrado” y que Palantir “ya no puede regularse como una empresa entre otras. Es, a la vez, un actor geopolítico, un actor político y una compañía”. Describió este fenómeno como un “BigState” o “Leviatán híbrido de dos cabezas”, donde una cabeza es “performativa y visible: el aparato electo, la conferencia de prensa, la orden ejecutiva”, y la otra es “infraestructural: megacorporaciones privadas, fuera del alcance de los procedimientos democráticos ordinarios”.

Sobre la decisión de Donald Trump de otorgar rango militar a ejecutivos de OpenAI, Meta y Palantir, Mhalla afirmó: “El muro categorial entre autoridad corporativa y mando militar ha sido desmantelado definitivamente por decisión ejecutiva”. Añadió que “la IA cambió la escala del problema porque es, al mismo tiempo, una tecnología económica, militar, cognitiva y geopolítica”.

Mhalla también se refirió a la filosofía que anima a estas empresas, que denominó “Ilustración oscura”, y señaló que “rompe al mismo tiempo con dos arquitecturas: con la modernidad occidental en su sentido filosófico y con el Estado moderno en su sentido institucional”.

En cuanto a la Argentina, Mhalla indicó: “La Argentina es el caso en vivo mientras hablamos”. Mencionó que Peter Thiel, cofundador de Palantir, llegó a Buenos Aires el 12 de abril de 2026, se reunió con el presidente Javier Milei en la Casa Rosada el 23 de abril, y compró una mansión en Barrio Parque. “La geografía de la doctrina se está trazando en tiempo real, y Buenos Aires está dentro de ella”, sostuvo. Agregó que “Javier Milei impulsa una agenda más amplia de seguridad y transformación del Estado basada en la desregulación, la reestructuración de los servicios de inteligencia, el control policial anticipatorio, el control fronterizo y un alineamiento profundo con Estados Unidos e Israel”, y que “Peter Thiel y Palantir encajan de manera natural en este proyecto”.

Finalmente, consultada sobre el usuario común de la tecnología, Mhalla afirmó: “No somos culpables por usar estas herramientas, pero sí somos responsables de usarlas de manera consciente”. Recomendó “tratar la tecnopolítica como un asunto político y no como uno de consumo”.

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