Una periodista relata su experiencia de dos décadas lidiando con la acumulación de objetos y la falta de criterios de organización en su hogar.
En una columna publicada en Clarín, una periodista describió su intento de ordenar su casa, una tarea que definió como una ‘misión imposible’. Relató que durante dos décadas vivió en un estado de acumulación sin un criterio definido para organizar sus pertenencias.
Según su relato, cuando se mudó sola a los veinticinco años, su casa estaba casi vacía y no sentía necesidad de más objetos. Con el tiempo, amigos le regalaron sillones, compró una cajonera y heredó muebles de su abuela, lo que fue llenando el espacio sin una planificación sobre cómo quería habitarlo.
Actualmente, describió su hogar como un ‘caos’ donde conviven papeles de la infancia, entradas de boliches, apuntes de una carrera inconclusa, muñecos, fotos, CD, biromes, hebillas, cinta adhesiva, gotas para los ojos y manteca de cacao, entre otros objetos. Señaló que ‘todo puede estar en todas partes y en ninguna’ y comparó su casa con un ‘archivo personal sin catalogar’.
La autora mencionó que decidió cambiar y adoptar el método de Marie Kondo para establecer un orden doméstico. Sin embargo, indicó que desprenderse de cosas no es sencillo porque cada objeto tiene un argumento para quedarse, ya sea por valor afectivo o por una posible utilidad futura.
Reflexionó sobre la expectativa de que una casa ordenada puede generar claridad mental y disciplina, pero concluyó que ‘una casa ordenada no garantiza una vida ordenada, como una cama tendida no resuelve una crisis matrimonial’.
Finalmente, propuso disfrutar del proceso de decidir dónde va cada cosa y aceptar que los objetos sin lugar pertenecieron a alguien que ya no existe.
