El gobierno de Estados Unidos anunció sanciones contra la Corte Penal Internacional, que incluyen la prohibición de transacciones y un plazo de seis meses para que los Estados miembros respondan a sus preocupaciones. La medida se produjo después de que la exjueza Navi Pillay recibiera el Premio Nobel de la Paz.
Estados Unidos anunció este viernes sanciones contra la Corte Penal Internacional (CPI) con el objetivo de paralizar las actividades del tribunal. Según informó el Departamento de Estado, la medida busca “defender la soberanía estadounidense y a sus ciudadanos”.
Las sanciones se produjeron después de que el Comité Noruego del Nobel premiara a Navi Pillay, una jueza de 85 años reconocida por su labor en justicia penal internacional. Pillay presidió el tribunal para el genocidio de Ruanda, fue jueza de la CPI y luego dirigió una comisión de la ONU que acusó a Israel de genocidio en Gaza.
El comité explicó que su intención era “lanzar un recordatorio” en un momento en que “los jueces y las instituciones del derecho internacional están siendo objeto de ataques políticos”. Y agregó: “Un sistema jurídico internacional en el que los criminales de guerra rindan cuentas y las víctimas de abusos vean que se hace justicia es una condición previa para un mundo pacífico”.
El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció que Washington prohibirá las transacciones con la CPI, a la que calificó de “deshonesta”. La declaración de Rubio no mencionó a Pillay ni al premio Nobel. Dijo que las sanciones eran necesarias para proteger al personal de seguridad y a los funcionarios electos de ser procesados por un tribunal al que Estados Unidos nunca se ha unido.
“El presidente Donald Trump nunca permitirá que la Corte Penal Internacional procese a estadounidenses”, sostuvo Rubio, y agregó que las medidas paralizan “su capacidad de funcionar”. Luego, en un comunicado, advirtió: “O la CPI pone fin a sus amenazas, o nosotros pondremos fin a la CPI”.
Washington concedió al tribunal un período de gracia de seis meses para que los Estados miembros demuestren que responden con acciones concretas “a las preocupaciones de Estados Unidos”. “Esperamos que nuestros aliados logren calmar los ánimos de la Corte. De lo contrario, Estados Unidos seguirá desmantelando la CPI, ladrillo a ladrillo, hasta que los estadounidenses ya no puedan verse amenazados”, explicó Rubio.
La Corte rechazó las sanciones y aseguró que “la historia juzgará este momento”. En su respuesta, consideró que la medida constituye “un ataque contra el Estado de derecho y contra los propios fundamentos del orden jurídico internacional, al cuestionar el principio fundamental de que nadie está por encima de la ley”.
Desde la ONU, el secretario general, António Guterres, calificó la decisión de Washington como un “grave golpe” a la justicia internacional. “La decisión de hoy supone un grave golpe a nuestra búsqueda colectiva de justicia penal internacional, de la cual la CPI es un pilar fundamental”, declaró a la prensa su portavoz, Stéphane Dujarric.
La Unión Europea también respaldó al tribunal. “Es profundamente lamentable que Estados Unidos haya anunciado su intención de imponer sanciones”, señaló la Comisión Europea en un comunicado. “La UE está preparada para tomar todas las medidas necesarias para permitir a la Corte continuar su trabajo”, agregó el brazo ejecutivo del bloque. Japón también expresó su apoyo a la CPI.
En cambio, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sostuvo que la CPI no es un tribunal, sino una “entidad política”. Netanyahu tiene desde 2024 una orden de arresto del organismo con sede en La Haya por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco de la guerra en Gaza.
Amnistía Internacional también se pronunció a favor de la Corte: “Este ataque existencial debe fracasar. Los Estados deben tomar medidas concretas para resistir la imposición de estas sanciones”.
En 2025, la líder opositora venezolana María Corina Machado ganó el Premio Nobel de la Paz y, luego de insistir con que él debería haber ganado, la venezolana le entregó la medalla física al presidente de Estados Unidos. Este año, Trump insistió en que debería recibir el premio.
Esta semana volvió a presionar para ganar el Premio Nobel de la Paz por sus contribuciones en pos de frenar conflictos bélicos que, en palabras del jefe de Estado, han “evitado la destrucción total del mundo”. “He resuelto ocho conflictos y he evitado, quizá, la destrucción total del mundo, porque Irán nunca tendrá un arma nuclear. Eso es algo muy positivo”, afirmó el mandatario.
Cuando el año pasado el comité que entrega el premio tuvo que salir a explicar que el Nobel seguía perteneciendo a la política venezolana, dado que no tenía autorización para “regalarlo”, Trump le escribió una carta al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, explicando que ya no creía necesario pensar en la paz y que a partir de ahora pensaría solo en los intereses de los Estados Unidos, por ejemplo, la ocupación estratégica de Groenlandia, hoy perteneciente a Dinamarca.
Si bien este viernes Marco Rubio no se refirió en su declaración al Premio Nobel recibido por Navi Pillay, las acciones de Trump y sus antecedentes hablan más fuerte que el discurso del secretario de Estado.
