Lectores expresan su preocupación por la falta de previsibilidad, recuerdan al Dr. Ricardo Gutiérrez y analizan la coyuntura política y económica.
Como un habitante más de nuestra Nación, tengo la sensación de que estamos viviendo en un clima cada vez más enrarecido. Recibimos permanentemente noticias, opiniones y versiones contrapuestas, y muchas veces resulta difícil distinguir qué se corresponde con la realidad, qué es exageración y cuáles serán finalmente sus consecuencias.
El enfrentamiento entre el Gobierno, los medios de comunicación y la oposición contribuye a esa confusión. También preocupa el creciente desprestigio de la Justicia y la percepción, cada vez más extendida, de que las reglas no se aplican de la misma manera para todos.
No se trata solamente de las dificultades económicas. Hay algo más profundo: la sensación de vivir en una sociedad donde falta un criterio común de orden y donde la confrontación parece haberse convertido en una forma habitual de hacer política. La desigualdad en la aplicación de las normas resulta particularmente irritante. Mientras algunos privilegiados parecen desafiar públicamente las reglas sin afrontar consecuencias proporcionales, el ciudadano común puede quedar expuesto a controles arbitrarios y sanciones que, en ocasiones, parecen desproporcionadas.
El tránsito es un ejemplo cotidiano. Es indispensable controlar la velocidad, pero no puede ser que ese sea prácticamente el único aspecto visible del control vial mientras diariamente observamos maniobras peligrosas, vehículos que circulan indebidamente y conductas que ponen en riesgo a los demás.
Necesitamos recuperar algo tan elemental como la previsibilidad: saber que las normas existen, que se cumplen y que se aplican de igual manera a todos.
Por eso creo que ha llegado el momento de mirar un poco más allá de la macroeconomía y de la próxima disputa electoral. La economía es fundamental, pero una sociedad no vive solamente de sus indicadores. También necesita confianza, justicia, reglas claras y un horizonte de convivencia. Quizás sea hora de que quienes tienen la responsabilidad de gobernarnos dediquen una parte de sus energías a algo tan importante como mejorar nuestra manera de vivir juntos.
Enrique T. Vidal Bazterrica [email protected]
OTRAS CARTAS
“Dr. Ricardo Gutiérrez, un gran ejemplo de pensar en el otro”
Hace 130 años moría el Dr. Ricardo Gutiérrez. Nació en Arrecifes y estudió en mi querido Colegio Nacional de Buenos Aires. Siendo estudiante de medicina se alistó en el ejército del Gral. Bartolomé Mitre como voluntario en la guerra de la Triple Alianza organizando sus servicios sanitarios, lo que valió una condecoración. Como médico enfrentó las epidemias del cólera y la fiebre amarilla que diezmaron Buenos Aires a comienzos de 1870. Su vocación por la medicina le hizo abandonar sus juveniles ensayos literarios y libros de poemas que le valieron el apodo de “el poeta de la tristeza y la piedad”. Sus desvelos se volcaron a la salud de los más pequeños. El gobierno lo becó para estudiar en Europa los adelantos en pediatría. A su regreso, impulsó y fundó en 1875 el primer hospital para niños del país y de Sudamérica y lo dirigió por más de 20 años sin cobrar. Hoy, 150 años después, el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez atiende 700.000 consultas por año y sigue cuidando y curando a nuestros chicos. Además del aporte del Gobierno de la Ciudad, cuenta con una cooperadora modelo que le procura la tecnología más avanzada para los tratamientos. La vida del Dr. Gutiérrez no es solo recordar la historia de nuestra salud pública. Es valorar su condición humana: pensar en el otro. Pensar en grande, para el futuro de un país. Pensar en el otro, una idea basal hacia una sociedad más justa. Qué bien harían en practicar los inquilinos de turno de la Casa Rosada que tanto pelean por las frivolidades de poder y se olvidan de la gente. Un gran médico, una gran persona. Gracias Dr. Ricardo Gutiérrez.
Matías Aníbal Rossi [email protected]
“Estabilidad económica, pero con equidad y contención social”
Las discusiones en torno al Presupuesto 2027 y las tensiones en el Congreso reflejan una distancia preocupante entre las prioridades de la política y el sufrimiento diario de los ciudadanos. Mientras los distintos sectores negocian exenciones impositivas, privatizaciones de rutas y reordenamientos de agendas legislativas, en la calle la realidad golpea con crudeza. La reciente “Marcha de la Bronca” y el constante incremento en el costo de vida con subas semanales en alimentos y un marcado aumento en la morosidad crediticia demuestran que gran parte de la sociedad atraviesa una situación límite. Los debates parlamentarios no pueden quedar reducidos a especulaciones electorales de cara a 2027 ni a pulseadas de poder entre el oficialismo, los gobernadores y los aliados. Es imperativo que la clase dirigente interpele sus propias prioridades, escuche el malestar social y logre consensos orientados a aliviar el peso sobre los sectores más vulnerables y la clase trabajadora. La estabilidad económica solo será genuina cuando vaya de la mano de la equidad y la contención social.
Francisco Sciaky [email protected]
“Otra vez, el péndulo político”
Una mayoría importante de ciudadanos no querría volver a políticas que nos han arrastrado de ser un país con grandes posibilidades a la mísera situación de pobreza que, desde hace años, refleja la inoperancia de los políticos, incluidos los presentes, más preocupados en las elecciones que en el triste presente. Los que vimos una oportunidad en estas elecciones hoy nos vemos defraudados ante la pérdida constante de mano de obra, los cierres de empresas y comercios y, sobre todo, una economía en recesión. Esperemos que se den cuenta de que tienen una responsabilidad mayor, ya que los votantes que quedan fuera del sistema darán su opinión, válida o no, hacia el otro lado del péndulo, volviendo al círculo nefasto que siempre se elige ante la necesidad de sobrevivir, aun sabiendo que no es la solución.
Susana Mastronardi [email protected]
