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Un estudio en Estados Unidos vincula la presencia de pumas con una reducción de colisiones entre vehículos y ciervos

Una investigación publicada en Current Biology y difundida por Phys.org analizó datos de cámaras trampa y collares GPS en la península Olímpica, estado de Washington, y asoció la presencia de pumas con una menor probabilidad de choques entre autos y ciervos.

Un estudio difundido por Phys.org y publicado en Current Biology sostiene que la presencia de pumas puede reducir de forma marcada los choques entre vehículos y ciervos en la península Olímpica, en el estado de Washington, a partir de cambios en el comportamiento de sus presas.

De acuerdo con el artículo científico, el equipo compuesto por Justin P. Suraci, L. Mae Lacey, Arielle W. Parsons y otros investigadores reunió información de 503 cámaras trampa y datos de 59 pumas con collares GPS. A eso sumó registros espaciales de colisiones entre fauna y vehículos en un período de 5 años, entre julio de 2020 y junio de 2025.

La combinación de ambos materiales permitió medir de qué forma la aparición del depredador altera la distribución y los horarios de actividad de ciervos y alces, y cómo esas variaciones se vinculan con los siniestros de tránsito.

Menos ciervos cerca de las rutas y más actividad diurna

En zonas con alta densidad de caminos, la probabilidad de ocupación de los ciervos fue un 15% menor cuando los pumas estaban presentes. En cambio, aumentó su presencia en hábitats más remotos, alejados del desarrollo humano y del tráfico asociado: el estudio señala que la probabilidad de ocupación en esas áreas fue un 86% mayor donde estaban estos animales salvajes que en sitios sin ellos.

Ese desplazamiento espacial se combinó con un cambio horario. En ese sentido, el autor principal, Justin Suraci, explicó que estos animales reducen su actividad nocturna y, de ese modo, coinciden menos con el tránsito en las carreteras.

El artículo académico sitúa ese cambio en un contexto concreto. Las colisiones con fauna en la península Olímpica dejaron 2 muertos y más de 80 heridos en 5 años, además de un costo estimado de 14,7 millones de dólares en reparaciones de vehículos y gastos sanitarios.

Dentro de ese total, los ciervos concentraron la mayor parte de los incidentes: junto con los alces representaron el 97% de 953 colisiones, y esa especie por sí sola explicó el 92%.

La reducción de choques

El artículo científico detalla que la presencia de pumas estuvo asociada con una reducción del 67% en la probabilidad de que ocurra una colisión entre un ciervo y un vehículo en una cuadrícula determinada del área de estudio.

Además, se incluyó un segundo cálculo: en los sitios donde la manifestación de estos animales era altamente probable, la cantidad prevista de choques entre autos y ciervos descendió en un 76% a lo largo de los años.

El estudio también identificó un cambio en el momento en que ocurrían esos incidentes. Los datos de collares GPS mostraron que, en las zonas con mayor uso del espacio por parte de los pumas, las colisiones tendieron a concentrarse durante el día.

Phys.org señala que los accidentes diurnos suelen tener consecuencias más graves que los nocturnos y vincula ese desplazamiento horario con el cambio observado en los patrones de actividad de los ciervos.

Un “servicio ecosistémico” asociado a los depredadores

Suraci afirmó que “descubrimos que los grandes carnívoros pueden hacer que las carreteras sean más seguras gracias a sus efectos en el comportamiento de sus presas y en el uso del espacio”.

En tanto, Mark Elbroch, miembro de Panthera, afirmó que, al hacer más visibles estos beneficios, la sociedad podría mostrar una mayor aceptación hacia los depredadores: “Esto podría ser especialmente cierto en el este de Estados Unidos y Canadá, donde los pumas vuelven de manera paulatina y natural, y existen discusiones sobre la posibilidad de un programa de reintroducción”.

El estudio señala que comprender las ganancias económicas y de seguridad asociadas a la presencia de grandes carnívoros puede ayudar a modificar actitudes y conductas humanas en paisajes compartidos.

Los autores aclararon que su análisis identifica asociaciones, pero no permite establecer una relación causal y ofrece una visión general de la respuesta conductual de los animales. También indicaron que las cámaras se instalaron en áreas con bajo o moderado desarrollo, de modo que el efecto de los pumas sobre las tasas de colisión podría ser distinto en zonas más urbanizadas.

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