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Fue casa de retiro de monjas y se transformó en alojamiento turístico en Catamarca

Una casona del siglo XIX en El Rodeo, Catamarca, que originalmente funcionó como casa de retiro de las Hermanas Franciscanas de la Caridad, fue restaurada y convertida en un hospedaje que recibe huéspedes.

En un rincón del pueblo de El Rodeo, a 39 km de la capital provincial de Catamarca, una casona rodeada de un extenso jardín fue restaurada y transformada en un alojamiento turístico. La propiedad, que data del siglo XIX, fue originalmente casa de retiro de las Hermanas Franciscanas de la Caridad y posteriormente funcionó como guardería antes de quedar vacía.

Fernando Rearte y Osvaldo González, ambos abogados, adquirieron la propiedad después de encontrarla por casualidad durante una caminata. Según relataron, encontraron un cartel de venta oculto entre la maleza y, tras gestionar con el representante legal de las monjas, compraron la casa. La restauración tomó varios años e incluyó la conversión de la antigua capilla en un espacio para desayunos, el acondicionamiento de cuatro habitaciones para huéspedes y la reparación de los techos de chapa originales. También se recuperaron los pisos de mosaicos calcáreos colocados directamente sobre la tierra, sin contrapiso, y se respetó el diseño original sin patrones establecidos.

En la propiedad se conservan elementos históricos como un corte en la pared que muestra el ancho de los muros de adobe, que supera el metro de espesor, y vigas de quebracho hachuelado que sostienen los techos. En el parque, una antigua conejera fue adaptada como dos departamentos con baño privado, vestíbulo y cochera.

El alojamiento, denominado La Pirincha en homenaje a la abuela de Fernando, cuenta con habitaciones nombradas en honor a los santos San Blas, San Ángel, San Fermín y San Genaro, así como a los abuelos de ambos propietarios. La decoración incluye antigüedades obtenidas en remates y demoliciones, como una bacha enlozada inglesa, una mesa para amasar desplegable, sillones de madera de una pizzería de la calle Corrientes, y una puerta principal proveniente de una escuela con rejas de un perchero árabe.

Osvaldo González, oriundo de Buenos Aires, está a cargo de la cocina y ofrece platos como empanadas de carne, locro y dulces caseros. El servicio incluye desayuno de campo con delicias caseras, wifi, baño privado y aire acondicionado frío-calor. La tarifa es desde $150.000 por noche en base doble, con reserva mínima de dos noches.

El Rodeo, cuyo nombre original en quechua era Niquixao (Pueblo de la niebla), se caracteriza por un microclima húmedo y brumoso. Durante los meses de verano, la villa se convierte en destino de los habitantes de la capital provincial debido a su clima agradable y noches frescas.

En el campanario de la iglesia Nuestra Señora de la Candelaria, ubicada frente al alojamiento, Ángel Pizarro mantiene la tradición de anunciar eventos como fallecimientos, asunciones papales u horarios de misa mediante toques de campana, cada uno con una partitura singular según se trate de un hombre o una mujer.

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