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Advierten que el tipo de cambio acumula tensión y podría corregirse en la segunda mitad del año

Economistas alertan sobre un posible salto cambiario en el segundo semestre, mientras el Gobierno defiende la estabilidad macroeconómica. Dos visiones opuestas se expusieron en Córdoba.

Dos miradas sobre un mismo escenario económico se enfrentaron esta semana en Córdoba. Por un lado, el viceministro de Economía, José Luis Daza, destacó ante la Bolsa de Comercio local que Argentina atraviesa el mejor momento en décadas para crecer de forma sostenida. Por el otro, el economista Martín Rapetti, director de la consultora Equilibra, ofreció una visión más cauta y advirtió sobre tensiones acumuladas en el tipo de cambio.

Rapetti señaló que la inflación, aunque ha bajado, muestra signos de estancamiento: tras tocar un piso de 2% mensual en junio de 2024, volvió a subir levemente hasta el 2,5% en los últimos meses. Para mayo proyecta una cifra algo inferior, pero descarta una convergencia rápida al 0,5% mensual. “No hay fundamento para eso”, afirmó.

El economista explicó que la inercia inflacionaria sigue siendo un factor clave: los contratos y acuerdos de precios se renuevan en distintos momentos, arrastrando la inflación pasada. “Ese pasado se te suma en la inflación presente”, indicó.

En cuanto al tipo de cambio, Rapetti advirtió que el dólar oficial acumula un atraso significativo y que “la chance de que ese precio se corrija para arriba es alta”. Señaló que sostener la estabilidad cambiaria requiere demanda débil, lo que afecta ventas, empleo y apoyo popular. “Ahí el gobierno nacional tiene un dilema por resolver”, sintetizó.

Además, cuestionó que la macroeconomía esté “en caja”: la inflación sigue alta, el Banco Central mantiene reservas negativas, persisten restricciones cambiarias y el país no recuperó acceso pleno a los mercados de crédito internacional. “¿Hubo una mejora? No hay duda. ¿Están en caja los desequilibrios centrales? No, todavía no”, afirmó.

Sobre el crecimiento, Rapetti fue contundente: “No veo potencia para que la economía empiece a reactivar”. La demanda interna sigue deprimida y no identifica factores que la impulsen en el corto plazo. En un contexto electoral, añadió, “veo una situación difícil y trabajosa que va camino a una incertidumbre política”.

El economista también repasó las herramientas disponibles: el margen fiscal es casi nulo, la tasa de interés está por debajo de la inflación, el tipo de cambio tiene escaso margen a la baja, y cualquier impulso salarial puede complicar la rentabilidad empresarial. “No ves dónde pararte para darle un impulso a la actividad”, resumió.

Por el contrario, el viceministro Daza destacó el superávit fiscal sostenido, la acumulación de reservas, la llegada de inversión extranjera en sectores transables y el respaldo internacional. Mencionó que el FMI presentó a Argentina como un país robusto por su superávit fiscal y energético, y proyectó un superávit en energía y minería de 50.000 millones de dólares anuales hacia 2030.

Al cierre, Rapetti reiteró su advertencia: “Creo que va a haber una corrección en la segunda mitad del año, o va a haber más tropiezos para que pase”.

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