Una ballena jorobada bautizada como “Popa” completó un recorrido de 2.500 kilómetros en dos semanas, marcando un hito científico y revelando una posible ruta migratoria costera.
Una ballena jorobada bautizada como “Popa” acaba de protagonizar un hito científico mundial al completar un recorrido de 2.500 kilómetros en tan solo dos semanas. El ejemplar fue marcado por la Fundación Rewilding Argentina (FRA) en el Parque Provincial Patagonia Azul, ubicado en la provincia de Chubut. Gracias a un dispositivo de seguimiento satelital, los investigadores pudieron documentar su veloz desplazamiento desde las costas argentinas hacia las gélidas aguas del sur.
Este registro es fundamental para entender cómo estos cetáceos conectan sus áreas de alimentación con las rutas de migración. Durante casi un mes, Popa permaneció en la zona de Patagonia Azul y Rocas Coloradas, sitios identificados como críticos para la nutrición de la especie. A fines de febrero de 2026, inició un nado ininterrumpido hacia las Islas Orcadas del Sur, alcanzando la zona en un tiempo asombrosamente breve. Los datos satelitales mostraron que la ballena no realizó pausas para alimentarse durante todo este tramo, manteniendo un rumbo fijo y constante, lo que sugiere la existencia de una vía migratoria costera que hasta ahora no había sido analizada con tal precisión.
Iniciado en 2021, el programa de monitoreo ya permitió a los especialistas identificar a más de 230 individuos de ballenas jorobadas mediante la técnica de fotoidentificación de sus colas. Cada aleta caudal posee manchas y formas únicas, funcionando como una huella dactilar que permite rastrear sus movimientos por el mundo. Gracias a este catálogo, se han encontrado coincidencias de ejemplares entre Brasil, la Antártida y el Canal Beagle. La información recopilada demuestra que el litoral atlántico argentino es un punto de concentración masiva de cetáceos mucho más relevante de lo estimado.
Sin embargo, el viaje de Popa también encendió las alarmas de los conservacionistas debido a las amenazas humanas en el ecosistema antártico. La zona elegida por la ballena para alimentarse en las Islas Orcadas coincide con áreas de intensa pesca industrial de krill. Además, el accionar de los grandes buques pesqueros compite directamente con la dieta tanto de las aves marinas como de los cetáceos, poniendo en riesgo el equilibrio biológico. Los científicos advirtieron que la sobreexplotación de este pequeño crustáceo podría diezmar las poblaciones de ballenas que dependen de este recurso para sobrevivir.
“Este hallazgo subraya la necesidad de fortalecer las políticas de protección en el corredor marino que une la Patagonia con la Antártida. La historia de Popa no solo revela la extraordinaria capacidad física de la especie, sino también la vulnerabilidad de sus rutas migratorias”, concluyeron los científicos que siguieron de cerca todo el largo viaje de la ballena.
