En redes sociales circula una frase que vincula al teórico de la comunicación con el amor romántico. Aunque no es textual, se relaciona con sus conceptos de extensión tecnológica y aldea global.
No es habitual asociar a Marshall McLuhan, el filósofo de la comunicación que acuñó el concepto de “aldea global”, con el romance o el amor. Sin embargo, en las redes sociales se ha popularizado una frase que se le atribuye: “El amor no es algo que se encuentra, te encuentra a ti”.
La búsqueda de pareja es una constante para millones de personas, potenciada por aplicaciones, plataformas de citas, chats y grupos de intereses. La frase, aunque no es textual de McLuhan, funciona como una paráfrasis de sus ideas. Al plantear que los medios son “extensiones del ser humano”, se puede inferir que las relaciones amorosas también están mediadas por tecnologías que amplifican emociones y vínculos, algo evidente en las redes sociales y la mensajería instantánea.
Otro de sus conceptos clave, la “aldea global”, sugiere que las relaciones humanas —incluidas las sentimentales— se vuelven más inmediatas, intensas y globales. La distinción entre medios “calientes y fríos”, según la participación emocional requerida, también influye en la construcción de vínculos afectivos.
La frase atribuida a McLuhan remite al azar del enamoramiento, similar al “flechazo” de Cupido en la mitología griega. El escritor Julio Cortázar describió el amor como “un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”. Esa misma intensidad refleja la idea de que el amor llega sin haberlo buscado.
Marshall McLuhan (1911-1980), nacido en Edmonton, Canadá, fue un teórico que analizó el impacto de los medios audiovisuales en la cultura. Estudió Ingeniería pero se graduó en Literatura Inglesa. Tras años de docencia, en 1962 publicó La galaxia Gutenberg. Escribió más de 20 libros y dio cientos de conferencias. Su postulado más famoso, “el medio es el mensaje”, sostiene que la estructura del medio importa más que el contenido del mensaje, aunque recibió críticas por su poca base científica. En cambio, el concepto de “aldea global” tuvo mayor éxito y se materializó con los satélites e internet, que conectan instantáneamente a miles de millones de personas.
