El consumo en Argentina atraviesa una transformación: sobran productos, faltan pesos y las marcas se eligen con otros criterios. ¿Cómo impacta esto en la clase media?
El escenario de consumo en Argentina está experimentando un cambio profundo. Con el nuevo modelo económico, la oferta de productos se ha multiplicado, pero el poder adquisitivo de los hogares se ha reducido significativamente. Según un informe de Ecolatina, los ingresos disponibles se ubican un 38% por debajo de los de 2017.
Históricamente, los argentinos han sido muy sensibles a lo que las marcas comunican sobre su estatus. Sin embargo, en el contexto actual, los valores de compra están mutando: de la ostentación se pasa a la búsqueda de coherencia y utilidad real. El publicista Ernesto Savaglio solía decir que “las marcas te marcan”, y hoy esa marca es diferente.
La convivencia entre la tentación de las vidrieras y la frustración de no poder acceder a ellas genera una tensión particular. En un mercado repleto de oportunidades, la mayoría resulta inaccesible para el bolsillo medio, lo que obliga a priorizar y, en muchos casos, a percibir esa elección como “bajar un escalón”.
Al mismo tiempo, grandes cadenas internacionales de fast fashion como Victoria’s Secret, Decathlon, H&M y Uniqlo (esta última en análisis) están desembarcando en Buenos Aires, normalizando una oferta global que hasta ahora era limitada. En el sector automotor, la china BYD está ganando terreno no solo en ventas, sino también en percepción de calidad, elevando el estándar de los autos de ese origen. Según datos de ACARA, los autos chinos alcanzaron casi el 9% de las ventas en abril, en un mercado que cayó un 5,7% en el primer cuatrimestre.
La paradoja actual es que hay más para comprar, pero menos dinero para hacerlo. Gestionar esa brecha entre el deseo y la posibilidad se ha convertido en el gran desafío del consumidor argentino.
