Un repaso por las enseñanzas del General José de San Martín, su contexto histórico y los ecos de su legado en la política y la sociedad argentina de hoy.
Desde el patio de armas del Regimiento de Granaderos a Caballo (RGC), sobre la avenida Luis María Campos, los vecinos escuchan cada mañana el toque del clarín. Allí, frente a un bajo muro, se encuentran inscriptas las famosas 11 Máximas Sanmartinianas, escritas por José de San Martín en Bruselas el 13 de agosto de 1825, destinadas a su hija Merceditas.
La primera máxima, “humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que no perjudican”, sorprende por su sensibilidad ecológica. San Martín, que vivió con modestia en Bruselas y nunca cobró sus sueldos como Brigadier General en retiro de ningún gobierno argentino, combinaba ese espíritu humanista con una admiración por los avances industriales de la Revolución Industrial.
El legado sanmartiniano también se reflejó en su trato a los prisioneros de guerra. Tras la batalla de San Lorenzo, compartió un asado con el capitán español Juan A. Zabala y le entregó media res para alimentar a sus heridos. Años después, Zabala se puso a sus órdenes en la causa independentista.
En la actualidad, la disolución del Instituto Nacional Sanmartiniano en 2025 y el despido del teniente coronel Claudio Morales Gorleri generaron controversia. La segunda máxima, “inspirar el amor a la bondad y odio a la mentira”, resuena en un contexto donde se cuestionan prácticas políticas y la ética gubernamental.
