El filósofo y pedagogo español de 87 años sostiene que el contexto influye en la capacidad de razonamiento y propone el concepto de inteligencia compartida. Sus declaraciones fueron realizadas en el pódcast El Sentido De La Birra.
El filósofo y pedagogo español José Antonio Marina, de 87 años, afirmó que la inteligencia humana no es un rasgo estático y que el entorno ejerce una influencia determinante en la capacidad de razonamiento de cada individuo. La declaración fue realizada en el pódcast El Sentido De La Birra, conducido por Ricardo Moya.
“En un entorno tonto, es muy difícil ser inteligente, y en un entorno inteligente es bastante más fácil ser inteligente”, sostuvo Marina durante la entrevista.
El académico desarrolló el concepto de “inteligencia compartida” para explicar situaciones en las que la interacción grupal genera resultados superiores a la suma de esfuerzos individuales. Según Marina, el diálogo cotidiano funciona como una herramienta clave para el despliegue del pensamiento. “Si la conversación fue inteligente, tú y yo hemos salido más inteligentes de lo que entramos”, aseguró.
El filósofo describió el mecanismo como una cadena de estímulos: cada observación de un participante provoca reflexiones inesperadas en el otro, lo que permite la construcción de nuevas ideas. Definió este fenómeno como un proceso emergente, ya que el resultado del diálogo no pertenece exclusivamente a una sola parte, sino al vínculo entre ambas. Las personas aportan elementos no contemplados, modifican sus perspectivas tras recibir respuestas y terminan el intercambio con estructuras mentales más ricas.
Marina también advirtió sobre el efecto contrario. “Cuando una conversación es estúpida, los dos vamos a salir más tontos”, sentenció. Se refirió a intercambios degradados por la sucesión de reproches, críticas estériles o sentimientos de pesimismo.
Según el autor, cuando el diálogo carece de preguntas, argumentos o propuestas nuevas, el clima colectivo anula la capacidad de pensamiento crítico de sus integrantes. Los participantes de esta clase de charlas terminan con la sensación de que todo funciona mal, atrapados en un círculo vicioso de negatividad. El problema, según Marina, no reside en tratar temas negativos, sino en que la interacción fracasa al no comprender mejor la realidad tras el análisis.
Marina, reconocido ensayista, mostró fascinación por los mecanismos de la creatividad artística y científica. En su juventud, el interés por el baile le permitió comprender cómo el bailarín transfigura el esfuerzo en gracia, una experiencia que traslada al campo del conocimiento y la pedagogía. Su formación se desarrolló en la Universidad Complutense de Madrid.
El filósofo resaltó la importancia de la calidad del entorno en el desarrollo del intelecto humano. El entorno condiciona la forma de pensar y, por ende, el éxito de los vínculos sociales y laborales. La inteligencia, vista bajo este prisma, se convierte en un ejercicio colectivo que requiere entornos estimulantes y conversaciones ricas para florecer.
