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Caso Sandra DiFelice: 42 años después, el ADN incriminó al sospechoso que la policía había dejado ir

Paul Nuttall, de 64 años, fue detenido en 2022 por el asesinato de Sandra DiFelice, ocurrido en 1980 en Las Vegas. Las pruebas de ADN y huellas dactilares conservadas durante décadas resultaron coincidentes.

Sandra DiFelice tenía 25 años, una hija de tres y acababa de empezar una nueva vida en Las Vegas cuando fue asesinada en su propia casa.

Era el 26 de diciembre de 1980, apenas un día después de Navidad. Su cuerpo fue encontrado con signos de violencia sexual. Había sido golpeada, apuñalada y asfixiada.

El crimen quedó sin resolver durante 42 años, aunque el hombre que finalmente fue declarado culpable ya estaba presente en el primer expediente.

Sandra DiFelice había nacido en marzo de 1955 en Moscow, Idaho. Tras separarse de su marido, se mudó a Las Vegas junto a una amiga de la infancia -cuyo nombre nunca se dio a conocer- y su pequeña hija. Ambas alquilaron una casa en el 1505 de East Bonanza Road, cerca del centro de la ciudad.

Para ganarse la vida, Sandra trabajaba como mesera en el restaurante Sambo’s -que cerró a principio de los años 80-. Sus padres también vivían por la zona y eran un gran apoyo para ella, especialmente para cuidar a la niña, ayuda que evitó que su hija estuviera presente durante el asesinato.

Un día después de Navidad

La mañana del 26 de diciembre, la compañera de Sandra salió de la casa cerca de las 7.30 para ir a trabajar. Horas después, el novio de la joven llegó acompañado por un amigo y encontró la puerta abierta y sin llave. Entraron y comenzaron a buscarla hasta que llegaron al dormitorio.

Sandra estaba boca arriba sobre la cama. El teniente John Conner, del Departamento de Policía Metropolitana de Las Vegas, describió años después que la paliza que recibió había provocado que su rostro quedara partido por los golpes. Los investigadores, además, habían determinado que había sido apuñalada y asfixiada manualmente.

La casa, sin embargo, no estaba revuelta y tampoco faltaban objetos como para construir una hipótesis de robo.

Como Sandra también había sido víctima de una agresión sexual, los investigadores consideraron que ese había sido el principal móvil del ataque.

Su compañera de vivienda, su novio y el amigo que había encontrado el cuerpo, fueron descartados, casi automáticamente, como sospechosos.

Hubo cientos de interrogados, pero uno de ellos fue Paul Nuttall, un joven de 21 años que era conocido de la compañera de Sandra.

La misma mañana del asesinato, antes del crimen, la amiga de Sandra se había cruzado a Nuttall afuera de la residencia. Él le había pedido quedarse ahí porque, según dijo, estaba desesperado y no tenía dónde ir. Ella se negó porque compartía la casa con Sandra y no podía permitir que un (prácticamente) desconocido se instalara en la casa sin consultarle.

Después de esa declaración de la compañera y que los investigadores reconstruyeran el encuentro, Nuttall quedó bajo sospecha. Pese a que había estado cerca del lugar, sin una prueba firme en su contra, fue descartado.

Las pruebas estuvieron archivadas desde 1980

Sobre el abdomen de Sandra los investigadores hallaron varios cabellos oscuros que no podían pertenecerle porque era rubia. También levantaron una huella dactilar de un vaso de Kool-Aid que no correspondía a la víctima ni a su círculo cercano.

Pero en 1980 el análisis de ADN no era una herramienta disponible como lo sería décadas después. La policía podía conservar las muestras, pero no ponerles nombre.

Sin nuevas pistas, la investigación quedó archivada. Sandra quedó como otro caso sin resolver y su hija creció con la incertidumbre de quién había matado a su madre. Hasta que volvió a preguntar.

En febrero de 2021, ya adulta, se comunicó con el Departamento de Policía Metropolitana de Las Vegas para conocer el estado de la investigación.

Su llamado hizo que los detectives de homicidios y casos sin resolver reabrieran el expediente y volvieran sobre la evidencia que llevaba cuatro décadas archivada.

Consiguieron una huella dactilar de Paul Nuttall y la compararon con aquella encontrada en el vaso de la casa. Coincidía.

En diciembre de 2021 obtuvieron, además, una orden judicial para tomar una muestra de su ADN. El material genético fue comparado con el material recuperado debajo de las uñas de Sandra. También coincidía.

El hombre que había sido interrogado cuando tenía 21 años volvía a quedar como principal sospechoso de la investigación. Pero, esta vez, con dos pruebas que no habían podido ser analizadas anteriormente.

42 años después…

Paul Nuttall fue detenido el 27 de octubre de 2022, a los 64 años. En Nevada fue acusado de open murder (homicidio abierto) -es un cargo de homicidio en el que el fiscal no especifica de inmediato el grado exacto del delito-, además de cargos vinculados al uso de un arma mortal y allanamiento.

El arresto quedó en manos del Criminal Apprehension Team, un grupo de trabajo dirigido por el FBI junto a distintas jurisdicciones y vinculados al Departamento de Policía Metropolitana de Las Vegas.

Cuando los investigadores inicialmente le dijeron que necesitaban una muestra de ADN por el asesinato de Sandra Nuttall aseguró que ni siquiera sabía quién era. Le mostraron una foto y reafirmó que no la conocía.

Su abogado, Scott Coffey, declaró al Las Vegas Review-Journal que existían dudas sobre el estado cognitivo de Nuttall y la posibilidad de que padeciera demencia.

Según explicó, su cliente presentaba problemas de orientación temporal y espacial que ponían en discusión si podía comprender los cargos en su contra y afrontar un juicio.

El 2 de diciembre de 2022, dos psiquiatras determinaron que no era competente para ser juzgado y la jueza Christy Craig ordenó su ingreso a un hospital psiquiátrico estatal hasta que estuviera en condiciones de comprender el procedimiento.

La propia magistrada señaló que existían dudas sobre si atravesaba un verdadero deterioro cognitivo o podía estar fingiendo los síntomas.

Tras la detención, la Policía de Las Vegas también informó que había recibido datos sobre posibles agresiones cometidas por Nuttall contra otras personas a lo largo de los años. Los investigadores difundieron fotos suyas de diferentes épocas para intentar localizar eventuales víctimas.

Hasta las últimas actualizaciones del caso, no consta que Nuttall haya recuperado la competencia para enfrentar un juicio ni que exista una sentencia por el asesinato.

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