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Un estudio asocia el tipo de grasas en la dieta con la supervivencia en cáncer de próstata no metastásico

Investigadores de McGill y Harvard analizaron datos de casi 5000 hombres durante más de tres décadas. Hallaron que reemplazar grasas animales y saturadas por grasas vegetales e insaturadas se asocia con menor mortalidad por cualquier causa.

El cáncer de próstata es el tercer tipo de cáncer que mayor cantidad de muertes ocasiona anualmente en la población masculina en Argentina, con alrededor de 3700 fallecimientos y casi 12 mil nuevos casos por año. Se estima que uno de cada seis a ocho hombres desarrollará la enfermedad. Detectada en forma temprana, tiene altas chances de curación.

Un estudio publicado en JAMA Network Open, realizado por investigadores del Instituto de Investigación del Centro de Salud de la Universidad McGill (Canadá) y la Escuela de Salud Pública de Harvard (Estados Unidos), analizó a casi 5000 hombres con cáncer de próstata no metastásico durante una mediana de casi 13 años. Los resultados indican que el tipo y la fuente de grasa consumida después del diagnóstico están asociados con la supervivencia a largo plazo.

Según el trabajo, una mayor ingesta de grasas saturadas y de grasas animales se asoció con una mayor mortalidad por todas las causas. Estas asociaciones no se debieron al cáncer de próstata en sí, sino principalmente a muertes por enfermedades cardiovasculares y, en menor medida, por otros tipos de cáncer.

“Nuestros hallazgos sugieren que la dieta después del diagnóstico puede ser un componente modificable de la atención, ampliando el enfoque más allá del control del tumor original. Proteger la salud cardiovascular y general es una parte esencial del tratamiento del cáncer de próstata, sobre todo porque algunos tratamientos pueden afectar la salud metabólica y cardiovascular”, afirmó en un comunicado de prensa de la Escuela de Salud Pública de Harvard la coautora principal Lorelei Mucci, profesora de epidemiología en esa institución.

El análisis reveló que los hombres en el grupo con mayor consumo de grasas saturadas presentaban una tasa de mortalidad un 24% superior durante el seguimiento que aquellos con menor ingesta. Los investigadores utilizaron modelos estadísticos para estimar el impacto de reemplazar ciertas grasas por alternativas más saludables, manteniendo una ingesta calórica total similar.

Hallaron que reemplazar aproximadamente el 10% de las calorías diarias provenientes de grasas animales por grasas de origen vegetal se asoció con una tasa de mortalidad un 16% menor por cualquier causa. De manera similar, reemplazar aproximadamente el 5% de las calorías diarias provenientes de grasas saturadas con grasas monoinsaturadas se asoció con una tasa de mortalidad un 20% menor.

“El mensaje central no es simplemente comer menos grasa. Más bien, el tipo y la fuente parecen ser importantes. Reemplazar algunas grasas animales y saturadas con grasas vegetales e insaturadas puede contribuir a la salud a largo plazo después de un diagnóstico de cáncer de próstata”, afirmó el coautor principal David P. Labbé, científico del Programa de Investigación del Cáncer del Instituto y profesor asociado del Departamento de Cirugía de la Universidad McGill.

En la práctica, eso se traduce en priorizar el consumo de aceite de oliva, frutos secos, semillas, palta y legumbres, y moderar la ingesta de manteca, carnes grasas y ultraprocesados. Los autores señalaron que proteger el corazón es fundamental en quienes hayan atravesado un cáncer, ya que diversos tratamientos oncológicos y hormonales pueden alterar el perfil metabólico y cardiovascular.

Los hallazgos coinciden con estudios realizados en personas sin cáncer y con las recomendaciones dietéticas de la Asociación Americana del Corazón. No obstante, los autores recalcaron que el estudio muestra asociaciones y no establece una relación de causa y efecto. Aclararon que los resultados no deben interpretarse como una recomendación para seguir una dieta restrictiva o eliminar por completo los productos de origen animal.

“La conclusión es que hay que priorizar las sustituciones sencillas: elegir con más frecuencia aceite de oliva, frutos secos, semillas, palta y otros alimentos de origen vegetal en lugar de alimentos ricos en grasas animales o saturadas”, insistió otro de los autores, Edward Giovannucci, profesor de nutrición y epidemiología en Harvard.

Un estudio previo publicado en 2024 en la revista Cancer, que analizó a 3505 participantes con cáncer de próstata no metastásico de la misma muestra, se concentró en cómo influyen las elecciones nutricionales en la calidad de vida. Los investigadores hallaron que una mayor adherencia a una dieta basada en alimentos de origen vegetal se asocia con mejores puntuaciones en la función sexual y en la salud urinaria, reduciendo la incontinencia y los síntomas obstructivos o irritativos. También encontraron beneficios en la salud hormonal.

“Nuestros hallazgos ofrecen esperanza a quienes buscan formas de mejorar su calidad de vida después de someterse a cirugía, radiación y otras terapias comunes para el cáncer de próstata, que pueden causar efectos secundarios importantes”, decía la autora principal del estudio y uróloga Stacy Loeb, en un comunicado difundido por la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York. Loeb, autora también del trabajo reciente, afirmó que “agregar más frutas y verduras a la dieta, mientras se reduce la carne y los lácteos, es un paso sencillo que los pacientes pueden dar”.

En el marco del Día de la Salud Prostática, que se conmemora el 15 de septiembre, Gonzalo Vitagliano, jefe de Uro-Oncología del servicio de Urología del Hospital Alemán de Buenos Aires, aclaró que, si bien “no existe una estrategia capaz de evitar por completo las enfermedades prostáticas”, hay medidas que ayudan y que la evidencia científica ya ha demostrado que la dieta “juega un papel fundamental en la salud prostática”.

Tanto para la prevención como en pacientes en tratamiento o seguimiento por cáncer de próstata, Vitagliano aconseja seguir un plan alimentario que incluya verduras crucíferas (brócoli, repollo, coliflor), vegetales ricos en omega-3, alimentos ricos en vitamina E (aceites vegetales, frutos secos, semillas, germen de trigo, granos enteros), fibra (cereales integrales), licopeno (tomate, pomelo rosado, sandía), selenio (frutos secos, mariscos, pescado, salvado de trigo, germen de trigo, avena, arroz integral) y soja. Además, recomienda evitar picantes, alcohol, cafeína y sustancias que irriten el tracto urinario; disminuir el consumo de carnes rojas y grasas saturadas; y beber mucho líquido para mantener la vejiga limpia.

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