En un artículo de opinión, un politólogo compara el reclamo de soberanía sobre las Malvinas con la situación de pobreza que afecta a millones de argentinos y sostiene que el Estado ejerce plenamente su jurisdicción sobre el territorio donde viven.
En un artículo de opinión titulado “Los pobres también son argentinos”, un politólogo plantea una comparación entre el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas y la situación de pobreza en el territorio continental. El texto sostiene que, mientras en las Malvinas el Estado argentino no ejerce soberanía y reclama lo que no controla, sobre el territorio donde millones de argentinos viven en la pobreza ejerce plenamente su jurisdicción.
El autor señala que en ese territorio el Estado dicta leyes, firma decretos, recauda impuestos, administra presupuestos y fija prioridades, por lo que no puede alegar falta de jurisdicción. A partir de esa asimetría, sostiene que la pobreza no interroga la extensión de la soberanía sino su sentido: qué se hace con la que ya se tiene.
El artículo menciona que el reciente discurso del presidente Milei organiza la idea fuerza “Las Malvinas son argentinas”, de la que se desprenden obligaciones como defender la soberanía, impedir la explotación ilegítima de los recursos, sancionar empresas, crear un Consejo Nacional, dictar normas e invertir donde la defensa del territorio lo requiera.
El politólogo aclara que no pretende discutir la legitimidad del reclamo argentino, sino colocar junto a ella otra idea dentro de la misma pertenencia nacional: los pobres son argentinos. Plantea que si la causa Malvinas se sostiene en nombre de la comunidad, corresponde explicar por qué la prioridad de esa comunidad, cuando ya está bajo jurisdicción argentina y sufre carencias, no organiza con la misma urgencia el discurso público.
El texto se pregunta qué es una nación: un territorio o una comunidad. Sostiene que si la Nación es ante todo una comunidad, las personas no son uno más entre los bienes a proteger, sino quienes la constituyen. Sin comunidad, afirma, el territorio sería solo espacio geográfico; es la comunidad la que lo convierte en territorio nacional y hace nacer el deber de defenderlo.
De allí deriva un orden de obligaciones que, según aclara, es de fundamento y no de agenda. Explica que “primera” no significa abandonar otras causas hasta eliminar la pobreza, sino que la obligación hacia el territorio nace de la comunidad y no al revés. Por eso, cualquier argentino sumido en la pobreza plantea ya una cuestión nacional; el número determina la escala del problema, no la obligación misma.
El autor enumera una serie de preguntas: qué haría el Estado si considerara la pobreza de un argentino una lesión a la Nación tan real como la pérdida de una parte de su territorio; qué Consejo Nacional crearía, si fuera necesario; qué leyes sancionaría; qué inversiones priorizaría y en qué gastos incurriría. Afirma que la gravedad de una causa no se mide por la cantidad de organismos, normas o partidas que produce, ya que una estructura puede ocultar la incapacidad de coordinar las existentes, una ley el incumplimiento de derechos ya reconocidos y un gasto la ausencia de resultados.
Sostiene que la obligación no es multiplicar instrumentos estatales sino producir resultados, y que alimentación, salud, educación, vivienda, infraestructura básica y trabajo no son capítulos de la política social sino condiciones para pertenecer efectivamente a la comunidad a la que ya se pertenece jurídicamente.
El artículo concluye que no se trata de oponer Malvinas a los pobres, sino de preguntar qué convierte una causa en nacional y qué orden guardan las obligaciones. Afirma que una causa es nacional porque afecta algo que pertenece a la Nación, pero lo es antes que nada cuando afecta a quienes la constituyen. Plantea que se puede considerar irrenunciable cada porción del territorio nacional, pero entonces hay que explicar por qué no se considera igualmente irrenunciable a cada miembro de la comunidad. “No alcanza con ejercer soberanía sobre un territorio si no se la convierte en protección efectiva de quienes viven en él. Un argentino en situación de pobreza es un argentino sin soberanía”, escribe. Y cierra: “Las Malvinas son argentinas. Los pobres también”.
*Politólogo.
