11.5 C
Buenos Aires
InicioSociedadEl pijama de ositos y el deseo en la pareja: claves de...

El pijama de ositos y el deseo en la pareja: claves de una sexóloga

La psicóloga y sexóloga Mariana Kersz explicó en una entrevista con Clarín cómo la rutina y las responsabilidades cotidianas pueden afectar el deseo sexual en las parejas de largo plazo, y propuso estrategias para reconstruir la intimidad.

La psicóloga y sexóloga Mariana Kersz afirmó que “el día que usaste el pijama de ositos se fue todo al pasto” para referirse a un fenómeno frecuente en las parejas de largo plazo: con los años, muchas de las cosas que se hacían al principio de la relación empiezan a quedar de lado.

Según explicó, “con el paso del tiempo en las parejas hay más responsabilidades, rutinas, preocupaciones y temas que antes no estaban, como el pago de impuestos, de expensas, la vianda de los chicos, las tareas diarias”. En medio de esa rutina, la pareja puede ocupar otro lugar. “A veces ambos funcionan muy bien como un equipo de coparentalidad o de crianza, pero se olvidan de ser pareja, o lo dejan de lado”, sostuvo.

Kersz señaló que el problema no es el pijama en sí, sino todo lo que ocurre alrededor: “Si yo solo me limito a lo básico del vínculo, lógicamente a la noche me voy a clavar el pijama de ositos y no voy a tener una motivación suficiente como para salir de ese rol más materno”.

Por qué el deseo no es espontáneo

La especialista propuso revisar cómo eran los primeros tiempos del vínculo. Al comienzo suele haber curiosidad por el otro y más tiempo puesto en el encuentro. Se mandan mensajes, se organiza una salida y se planifica ese momento de intimidad. “Generás una expectativa”, señaló.

Sin embargo, muchos de esos gestos tienden a abandonarse y, al mismo tiempo, se espera que las ganas sigan apareciendo solas. Para Kersz, ahí hay una contradicción: “Hay una romantización de la idea del deseo en el sentido de que si realmente amás, tenés que desear, punto. Y no es así, hay un montón de cosas que hay que hacer para que eso surja”.

Una de las claves, según dijo, está en dejar de pensar el deseo únicamente como algo que tiene que aparecer antes del encuentro. “A veces surge en un beso, a veces es en el contacto en un abrazo, a veces es en un juego”, explicó. Por eso, esperar a que ambos tengan ganas al mismo tiempo puede convertirse en una trampa. “No hay que esperar a que mi pareja tenga ganas, o por lo menos no solamente desde la expectativa. También tiene que haber un cambio de conducta que empuje esa motivación”.

¿Es normal que el deseo cambie?

Kersz afirmó que “es esperable que el deseo cambie, no vamos a sentir lo mismo después de 10 años que a la semana de estar en un vínculo sexoafectivo”. Para la especialista, más que intentar volver a sentir exactamente lo mismo que durante los primeros meses, hay que preguntarse qué pasa hoy. Incluso propuso darle una vuelta al habitual “no tengo deseo”: “Quizás la pregunta es ‘¿deseo de qué sí tenés?’”.

Distinto es cuando la falta de ganas genera malestar o no existe interés por ningún tipo de encuentro. Detrás de eso puede haber distintos motivos: dolor, disfunción eréctil, rechazo, celos, conflictos de pareja, infidelidad, estrés, menopausia o determinados medicamentos. “Cualquier cambio que sea muy llamativo y genere molestia o malestar, hay que evaluarlo”, advirtió.

En cuanto a la frecuencia sexual, la sexóloga indicó que no hay un número ideal: “No depende tanto de la frecuencia, sino de qué les pasa a las dos personas en ese vínculo en relación con este tema”.

Cómo recuperar el deseo sexual en la pareja

“El deseo no va a aparecer mágicamente: también hay que hacerle un lugar”, sostuvo Kersz. Ese lugar no necesariamente empieza en la cama. La reconstrucción de la intimidad también se da en situaciones cotidianas: una cena juntos, una salida, una charla o un rato compartido por fuera de las tareas diarias.

“Muchas veces las parejas me dicen: ‘Salimos, terminamos comiendo un montón, pero no pudimos conectar entre nosotros, no hablamos de otra cosa que no sean nuestros hijos y nos fuimos a dormir’”, contó. Por eso, para la especialista, se debe separar por un rato el vínculo amoroso de los roles de padres, del trabajo y de las obligaciones. “Si siempre salgo y siempre hablo de mis hijos, lo más probable es que cuando vuelva a casa no tenga muchas ganas de tener sexo, porque obviamente la conversación fue poco erógena”.

También propuso volver a hablar de la pareja: “Mate o café por medio, preguntarse dónde está cada uno, qué extraña, qué le gusta, qué expectativas tiene sobre el vínculo y la sexualidad, qué cosas quisiera recuperar y cuáles dejaron de hacer”.

Por último, pidió revisar lo que se conoce como “guion erótico”, es decir, la forma habitual en que una pareja vive sus encuentros sexuales. Con el tiempo, puede instalarse una misma secuencia que se repite una y otra vez. “Revisar ese guion sexual hace que uno pueda tener un registro más claro de qué es lo que necesita y lo que le gusta”, concluyó.

“Los espacios para la intimidad quedan contaminados por la vida, por la rutina, por la cotidianidad. El deseo necesita de otros recursos y condiciones para que siga existiendo”, finalizó Kersz.

MAS NOTICIAS
NOTICIAS RELACIONADAS