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El desastre de Tenerife: errores de comunicación, niebla y un atentado terrorista

El 27 de marzo de 1977, dos Boeing 747 chocaron en la pista del aeropuerto de Los Rodeos, en Tenerife, causando la muerte de 583 personas. Una cadena de errores, malentendidos y condiciones climáticas adversas provocaron el peor accidente de la aviación.

Los testigos recuerdan olores y ruidos. El domingo 27 de marzo de 1977, poco después de las 17, se escuchó un ‘bum’ y, casi enseguida, el olor a carne quemada lo cubrió todo. El copiloto Robert Bragg y el fotógrafo Antonio Rueda lo contaron así años más tarde. Para el resto del mundo, ese día quedó en la historia como el del peor accidente de la aviación: dos Boeing 747 chocaron en la pista del aeropuerto de Los Rodeos, en Tenerife. Murieron 583 personas.

Detrás de ese número hay algo más que una tragedia: una cadena de errores, malentendidos y decisiones tomadas al límite. Pero todo empezó antes, lejos de esa pista, con un hecho que obligó a cambiar el rumbo de varios vuelos. Los dos Boeing, uno de KLM y otro de PanAm, iban rumbo a Las Palmas, en Gran Canaria. Ese mismo día, a las 12.30 del mediodía, en la terminal del aeropuerto explotó una bomba. El ataque fue perpetrado por el grupo separatista Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (Mpaiac).

Las autoridades del aeropuerto de Las Palmas decretaron que los vuelos entrantes se desviaran hacia el aeropuerto de Los Rodeos, en Tenerife. Hacia allí se dirigieron el KLM y el PanAm. Los Rodeos contaba con una sola pista y no estaba preparado para recibir el caudal de aviones derivados. Las condiciones climáticas empeoraron la situación: la niebla redujo la visibilidad a unos 100 metros.

El capitán del KLM, Jacob van Zanten, se mostraba apurado porque su tripulación estaba por llegar al límite de horas de vuelo permitidas. Decidió recargar combustible en la pista. La torre de control ordenó al KLM recorrer toda la pista y girar 180°, y al PanAm avanzar detrás y tomar la tercera salida a la izquierda. Por problemas de interferencias de radio y de idioma, el piloto del PanAm no comprendió qué salida debía tomar.

El KLM llegó al otro extremo y giró. Su capitán anunció que estaba listo para despegar, pero en la torre de control entendieron que estaba listo, no que iba a despegar. A las 17.06, el KLM ya rodaba sobre la pista sin visibilidad. El PanAm seguía en la pista buscando la salida. Cuando los pilotos se dieron cuenta de que estaban sobre la misma pista, ya era tarde. El impacto fue inevitable.

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