El doctor Carlos Juárez, especialista en ortopedia infantil, relata el caso de Emma, una beba con una infección devastadora que se recuperó de forma inexplicable. Su sanación fue reconocida como el milagro que permitió la beatificación de Fray Mamerto Esquiú.
El doctor Carlos Juárez es un hombre de ciencia, pero reconoce que hay curaciones que superan cualquier lógica clínica. En 2015, recibió a una beba con una infección devastadora. El pronóstico era dramático. Hoy, esa niña corre sin secuelas. Entre un momento y otro hubo cirugías, estudios, una cadena de oración, una estampa de Fray Mamerto Esquiú y una radiografía que dejó sin palabras a los especialistas. Su sanación solo puede comprenderse como un suceso extraordinario e inexplicable mediante las leyes naturales, atribuido a una intervención divina. Se trata del milagro que llevó a la beatificación de Fray Mamerto Esquiú.
Mucho antes de que su nombre quedara asociado al milagro de Emma, Fray Mamerto Esquiú ya ocupaba un lugar especial en la historia argentina. El 9 de julio de 1853 pronunció, en la catedral de Catamarca, el célebre Sermón de la Constitución, una pieza que lo convirtió en una voz moral para un país todavía herido por las guerras civiles. Desde el púlpito, llamó a obedecer la ley común como camino hacia la paz y la organización nacional. Aquella defensa de la Carta Magna le valió el apodo con el que pasaría a la historia: “el fraile de la Constitución”.
El doctor Juárez, especialista en ortopedia y traumatología infantil, explica que en ese momento trabajaba en el Sanatorio 9 de Julio de Tucumán. El 6 de diciembre de 2015, lo llamaron de neonatología para que viera a Emma, una nena que había nacido el 20 de noviembre. Tenía una infección en la cadera. Aparentemente era solo una artritis séptica, pero al operarla descubrieron que había afectado al fémur. La operó cuatro veces, cada cuatro días, pero Emma no evolucionaba bien. Además de la artritis séptica tenía osteomielitis, una infección del hueso. El pronóstico era malísimo: los estudios indicaban que tenía casi todo el fémur muerto. En principio, iba a tener una mutilación muy grande, porque había que sacarle prácticamente todo el fémur.
Hasta que empezaron a suceder cosas extrañas. Las muestras de biopsia que se enviaban al laboratorio se perdían en el camino. Se perdieron tres. A la cuarta, el doctor Juárez decidió enviarla a un laboratorio de confianza. El 18 de diciembre mandó la cuarta muestra. Pero el 7 de enero, cuando estaba desesperado porque la radiografía era brutalmente mala y necesitaba la biopsia para decidir la cirugía, descubrió que también se había perdido. No pudo operar. Esto, según el médico, también es parte del milagro: si hubiera tenido la biopsia, le habría sacado el fémur a la beba. En ese contexto, la figura de Fray Mamerto Esquiú apareció como parte de una cadena de oración que, según los creyentes, permitió la sanación extraordinaria de Emma.
