Ante unas 400 personas, el escritor y periodista recorrió su obra en la charla ‘Crónica de una gran pasión’, donde reflexionó sobre el cruce entre investigación y relato literario.
Ante unas 400 personas reunidas en la Sala José Hernández de La Rural, y con un público atento que mezcló lectores y oyentes, Jorge Fernández Díaz recorrió esta tarde su obra en “Crónica de una gran pasión”, en la Feria del Libro.
Sin referirse a un libro en particular sino al conjunto de sus publicaciones, el autor revisitó los momentos, obsesiones y decisiones que moldearon su carrera, desde sus comienzos en el periodismo hasta sus novelas más recientes. “A quienes se inician en el periodismo, lo único y más valioso que puedo transmitirles es la pasión”, dijo para empezar.
Esa pasión —por el oficio y por la literatura— apareció como un hilo conductor de una trayectoria que surgió de una infancia marcada por el cine clásico de Hollywood y la lectura de novelas policiales. Un universo en el que convivían John Ford y Alfred Hitchcock con autores del género negro se trasladaría más tarde a sus primeros trabajos en la sección policiales del diario La Razón.
De esa experiencia surgió una de sus primeras intuiciones sobre la escritura. Fernández Díaz recordó que, en la redacción, muchas veces accedían a información relevante que no podía publicarse por falta de pruebas. “Se puede publicar lo que podés demostrar; lo que no, no. Pero nosotros sabíamos muchas cosas”, señaló. Frente a ese límite, encontró en la ficción una salida: comenzó a escribir novelas por entregas en el diario, donde podía narrar, de manera literaria, esas zonas grises que el periodismo dejaba afuera.
A lo largo de la charla, Fernández Díaz hiló ese origen con episodios posteriores. Recordó la escritura de una biografía no complaciente sobre Bernardo Neustadt que le valió presiones para silenciar el “libro maldito”, y el reencuentro con el protagonista, quien años después le pidió perdón y reconoció el valor del trabajo.
En un giro hacia una escritura más personal publicó “Mamá”, una historia íntima que nació de largas conversaciones familiares y de la necesidad de reconstruir su origen. “No bajamos de los barcos: venimos de familias complejas, con historias que a veces se quieren dejar atrás”, sostuvo. La novela tuvo amplia recepción en Argentina y España, donde recibió el reconocimiento de su amigo Arturo Pérez-Reverte, quien le dijo: “Este es tu territorio”.
La relación entre literatura y vida cotidiana reapareció en su etapa como cronista y columnista. Fernández Díaz mencionó sus historias de amor publicadas en LA NACION y el fenómeno radial de “Doctor Amor”. “La creatividad se encuentra en la realidad”, sintetizó, al explicar su método de trabajo basado en escuchar, observar y transformar esas experiencias en relato.
En paralelo, repasó otros proyectos como sus novelas históricas —entre ellas la dedicada a San Martín, que le valió el reconocimiento del Regimiento de Granaderos a Caballo— y la serie del agente Remil, construida a partir de testimonios del mundo de la inteligencia.
También reflexionó sobre el lugar del periodismo dentro de su obra: dijo que siempre intentó tratar sus columnas como parte de un mismo proyecto literario, leyendo la actualidad con herramientas del ensayo, la historia y la narración. Reivindicó la posibilidad de “hacer literatura en los medios”, siempre que la crónica no abandone la verdad como punto de partida.
Por último, se refirió a su libro más reciente, “El secreto de Marcial”, con el que obtuvo el Premio Nadal, y evocó el vínculo con la historia de su padre y con España. “Fue una ironía: mi padre siempre quiso volver a España y de algún modo volvió hecho un libro”, dijo. También recordó el viaje a Asturias tras recibir el galardón, que definió como “muy emocionante”.
Hacia el final, evocó uno de los hitos más significativos de su carrera: el Premio Cavia, que recibió el año pasado de manos de los reyes de España, una escena que resignificó su trayectoria.
