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El Cord 810: el primer auto con faros retráctiles inspirados en la aviación

En 1935, el Cord 810 revolucionó la industria automotriz al incorporar faros escamoteables, una tecnología adaptada de las luces de aterrizaje de aviones. Con un diseño audaz y tracción delantera, marcó un hito que inspiraría a deportivos durante décadas.

En una industria donde el diseño y la tecnología suelen avanzar a ritmos medidos, existió un modelo que irrumpió como una revelación: el Cord 810. Presentado el 2 de noviembre de 1935 en el New York Auto Show, dejó una marca indeleble por su estética audaz y soluciones técnicas inéditas.

Este modelo, producido por la efímera marca estadounidense Cord —una división de la Auburn Automobile Company—, fue el primero en el mundo en equipar faros escamoteables, un recurso que más tarde se convertiría en emblema de los deportivos del siglo XX. El auto no solo sorprendía por una silueta más aerodinámica y la ausencia de una parrilla frontal convencional (reemplazada por un diseño horizontal conocido como coffin nose), sino también por sus faros retráctiles.

Fueron concebidos por el diseñador Gordon M. Buehrig, quien desarrolló la idea en 1933 pensando que los faros ocultos representaban una síntesis entre funcionalidad y pureza estética. Un año después, la idea fue patentada por Harold T. Ames, vicepresidente de Cord y exingeniero aeronáutico, quien adaptó la tecnología de las luces de aterrizaje de los aviones Stinson a un sistema automotor. Aunque Buehrig había pensado en un sistema eléctrico, los costos forzaron a adoptar un mecanismo manual, donde dos manivelas junto al tablero permitían subir y bajar los faros, que se alojaban dentro de los guardabarros delanteros. Este sistema ofrecía un diseño limpio, mejoraba el coeficiente aerodinámico y aligeraba el frente en más de 13 kilos.

La llegada al mercado no fue inmediata. Recién en febrero de 1936 comenzaron a entregarse las primeras unidades, tras superar demoras vinculadas a la compleja transmisión semiautomática y al ajuste del sistema de tracción delantera. Entre 1936 y 1937 se fabricaron alrededor de 3000 unidades de las series 810 y 812, un volumen modesto que no le impidió adquirir un lugar en la historia.

La mecánica del 810 ya era avanzada: incorporaba tracción delantera, una rareza absoluta en la época, y su evolución, el modelo 812, ofrecía un motor V8 de 4,7 litros. En diseño interior, equipaba un tablero de aluminio y botones blancos, además de detalles únicos como la manivela del copiloto para accionar los faros. Las versiones más recordadas fueron las descapotables Phaeton y Sportsman, que destacaban por su elegancia y un precio superior a los US$3000 de entonces (unos US$67.000 actuales).

Sin embargo, los problemas de fiabilidad, la complejidad mecánica y el contexto económico adverso de la Gran Depresión conspiraron contra su éxito comercial. En 1937, apenas un año después del lanzamiento del 812, Cord cesó su producción. A pesar de su breve vida comercial, el legado del Cord 810 fue profundo. Su recurso de los faros retráctiles inspiró a decenas de modelos a lo largo del siglo XX, como el Porsche 944, Ferrari Testarossa, Lamborghini Countach, Honda NSX o Lotus Esprit, entre otros.

Durante décadas, los faros retráctiles se asociaron a deportividad y sofisticación técnica. No obstante, la investigación sobre seguridad peatonal a fines de los años ’90, sumada a las desventajas aerodinámicas y los costos de mantenimiento, terminó por condenar esta solución. El último gran exponente fue el Chevrolet Corvette C5 en 2004, cerrando un ciclo que había comenzado siete décadas antes.

Uno de los modelos más emblemáticos con este sistema fue el Ferrari Testarossa, presentado en el Salón de París de 1984. Equipado con un motor V12 de 4.9 litros montado en posición central trasera, desarrollaba 390 CV, alcanzaba 290 km/h y aceleraba de 0 a 100 km/h en 5.8 segundos. Su diseño, obra de Pininfarina, incorporaba amplias tomas de aire laterales y faros escamoteables. Tuvo dos evoluciones: el 512 TR en 1991 (428 CV) y el F512 M en 1994 (440 CV), que eliminó los retráctiles por unidades fijas debido a nuevas normativas de seguridad. La producción total de todas las variantes alcanzó las 9939 unidades entre 1984 y 1996.

Otro modelo que inmortalizó esta tecnología fue el Lotus Esprit, presentado en el mismo salón en 1975 y en producción al año siguiente. Diseñado por Giorgetto Giugiaro, adoptó un estilo con líneas angulosas complementado por sus distintivos faros.

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