Martín Simonetta y Bautista Santamarina analizaron en RDEco los obstáculos estructurales que dificultan profundizar la desinflación en Argentina.
La inflación argentina atraviesa una etapa de desaceleración y se mantiene cerca del 2% mensual. Los economistas Martín Simonetta y Bautista Santamarina analizaron en una entrevista con Ronda de Economistas (RDEco), por +Perfil, los problemas de competitividad y las herramientas necesarias para avanzar hacia una inflación de un dígito.
Simonetta puso el foco en el costo argentino y en las dificultades estructurales que afectan la competitividad de las empresas. Según explicó, en determinados sectores los impuestos pueden representar entre el 40% y el 60% del precio de un producto final. “Hay muchos aspectos que hacen a la economía argentina difícil de ser viable”, advirtió. También señaló los desequilibrios del sistema previsional y del empleo público como cuestiones que requieren una discusión más profunda. Como ejemplo, mencionó la relación entre los aproximadamente 6,5 millones de trabajadores privados registrados y los 8,5 millones de jubilados. Para Simonetta, estos problemas estructurales contribuyen a que la economía oscile entre períodos de atraso y corrección cambiaria, con consecuencias sobre la actividad productiva.
Bautista Santamarina sostuvo que el primer requisito para avanzar hacia una inflación de un dígito es comprender que los procesos de estabilización requieren tiempo. “Lo primero que hay que tener es paciencia”, afirmó el economista de Empiria Consultores. Según explicó, la reducción desde niveles cercanos al 200% hasta registros del 30% anual fue posible mediante el ajuste fiscal y el freno a la emisión monetaria. Sin embargo, la segunda etapa presenta una dificultad mayor porque los precios incorporaron mecanismos de indexación y una dinámica inercial. “Esta medida de shock, de estabilización, de pasar de déficit a superávit y no emisión, es muy exitosa en la primera parte del plan”, explicó. Pero advirtió: “Para la segunda parte, donde tenés esta inflación más pegajosa, más inercial de 2%, con eso solo no alcanza”. Como alternativa, planteó mejorar la coordinación de expectativas y establecer una política monetaria más clara, tomando como referencia herramientas como las metas de inflación. “Un programa de ese tipo en donde la política monetaria sea un poco más clara y donde haya algún tipo de coordinación, sería saludable”, sostuvo.
Simonetta coincidió en que la política cambiaria es una de las variables centrales del debate económico. Consideró que un sinceramiento permitiría corregir precios relativos y recuperar competitividad en distintos sectores productivos. “Otra alternativa complementaria, el sinceramiento cambiario, que podría corregir algunos precios relativos, podría devolver competitividad”, señaló. Además, cuestionó que mantener artificialmente contenido el dólar pueda generar una desaceleración de los precios a costa de mayores dificultades para las empresas. “Vos frenás el dólar y te da menos la inflación, está bien, pero el punto es quién sobrevive a esto”, planteó. Para ambos economistas, el desafío consiste en encontrar instrumentos que permitan sostener la estabilidad macroeconómica sin profundizar los desequilibrios que afectan a la producción, la competitividad y la actividad económica.
