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Brasil define legalmente el deepfake y Argentina no tiene regulación similar

El Tribunal Superior Electoral de Brasil aprobó por 5 a 2 una definición de deepfake tras el uso de un avatar con la imagen y voz de Jair Bolsonaro en la campaña de su hijo Flávio. En Argentina, no existe una norma equivalente de cara a las elecciones de 2027.

En agosto, durante la convención del partido que lanzó a Flávio Bolsonaro como candidato, se mostró un video en el que su padre, Jair Bolsonaro, lo respaldaba. Jair Bolsonaro estaba preso y no pudo estar presente. En la pantalla apareció un avatar creado con inteligencia artificial, con su rostro y su voz, que emitía un mensaje de apoyo. El avatar aclaraba que era artificial.

Un mes después, el Tribunal Superior Electoral de Brasil votó 5 a 2 para establecer una definición legal de deepfake con el objetivo de frenar este tipo de contenidos. La definición abarca cualquier contenido capaz de reproducir la imagen, la voz o el discurso de una persona viva, muerta o ficticia.

Los jueces brasileños consideraron que las reglas contra la desinformación basadas en la transparencia, que obligan a indicar que un contenido es sintético, no son suficientes cuando se fabrica la voluntad de una persona viva. El avatar admitía ser una máquina mientras hacía hablar a un hombre que no había hablado.

En Argentina, no existe una regulación similar a la brasileña. El país elegirá presidente en 2027. La tecnología para generar avatares con imagen y voz de personas está disponible y su costo es bajo.

Entre 1955 y 1973, Perón estuvo prohibido en Argentina. Durante esos 18 años, su voz circuló en grabaciones realizadas en su casa de Madrid, copiadas y distribuidas de mano en mano, escuchadas en sindicatos y hogares. Un movimiento político se organizó en torno a alguien que hablaba desde una grabación. Quienes las escuchaban sabían que del otro lado del océano había un hombre de carne y hueso que las había grabado.

El avatar brasileño conserva la voz y el rostro de Jair Bolsonaro sin que él haya grabado nada. Una máquina produjo su respaldo a partir de miles de horas de material y el hijo seleccionó las palabras. El ausente aparece representado por otro, con lealtad a los intereses de quien lo convoca, sin que haga falta su acuerdo.

El autor del texto, especialista en tecnologías emergentes, señala que el caso brasileño es la versión política del uso de IA para seguir conversando con personas fallecidas. Mientras que el uso familiar queda en el ámbito privado, un partido que resucita a su líder le habla a millones.

El texto plantea que en Argentina diversas fuerzas políticas invocan a muertos o ausentes. Hasta ahora lo hacían con sus propias palabras. La novedad es que pueden volver con las suyas, o con las que alguien decida ponerles en la boca.

El autor concluye preguntando a quién se sentará en el escenario en 2027, si a un fundador muerto hace décadas o a un expresidente al que la Justicia le cerró la puerta. La tecnología está disponible hoy, cuesta poco y solo falta que alguien se anime primero.

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