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Psicología: la mentira compulsiva se repite incluso después de ser descubierta

Expertos en psicología distinguen entre mentiras ocasionales y un patrón compulsivo que persiste aunque no haya beneficio evidente. Un estudio de la Universidad de Massachusetts halló que el 60% de las personas dijo al menos una mentira en una conversación de 10 minutos.

Los expertos en psicología distinguen entre una mentira ocasional y aquellas situaciones en las que inventar historias se convierte en una conducta repetida.

Un estudio de la Universidad de Massachusetts encontró que el 60% de las personas dijo al menos una mentira durante una conversación de apenas 10 minutos.

Los especialistas coinciden en que las personas que siguen mintiendo aun cuando ya fueron descubiertas suelen presentar un patrón de mentira compulsiva.

La mentira compulsiva aparece cuando inventar o modificar hechos deja de ser una respuesta aislada y comienza a repetirse incluso en situaciones donde no existe un beneficio evidente.

Una persona puede ser confrontada con pruebas de que su historia no es cierta y, en lugar de admitirlo, sumar explicaciones, cambiar fechas o incorporar nuevos datos para mantener el relato.

Ese comportamiento también puede aparecer en cuestiones pequeñas. No siempre se trata de ocultar una infidelidad, evitar una sanción o conseguir dinero: algunas mentiras se refieren a acontecimientos cotidianos que aparentemente no requieren ser modificados.

Con el tiempo, inventar versiones puede convertirse en una forma habitual de relacionarse. En algunos casos, decir la verdad genera más incomodidad que continuar con una historia ya construida.

El problema aparece cuando cada mentira necesita otra para sostenerse. Las contradicciones aumentan y familiares, amigos o compañeros de trabajo empiezan a desconfiar incluso de información verdadera.

Ese deterioro puede terminar produciendo discusiones frecuentes, distanciamiento y pérdida de vínculos que antes formaban parte de la vida cotidiana.

Señales de una conducta repetitiva

Uno de los indicadores mencionados por los especialistas es pensar con frecuencia en nuevas historias o explicaciones, incluso antes de que exista una necesidad concreta de utilizarlas.

También puede aparecer una dificultad para controlar el impulso de mentir. La persona sabe que sería más sencillo responder con la verdad, pero termina modificando la situación igualmente.

Otro elemento es el alivio cuando el engaño funciona. Si nadie descubre la mentira, esa sensación puede reforzar el comportamiento y facilitar que vuelva a repetirse frente a situaciones similares.

La autoestima también puede intervenir. Algunas personas exageran logros, relaciones, viajes o experiencias porque consideran que su propia vida no resulta suficientemente interesante ante los demás.

En otros casos, los relatos se vuelven cada vez más elaborados. La denominada pseudología fantástica se caracteriza por historias extensas, con numerosos detalles y acontecimientos difíciles de comprobar.

Motivos detrás de las mentiras

Los especialistas describen diferentes motivos. Una de las formas aparece cuando las historias buscan generar aceptación o conseguir que otra persona se acerque emocionalmente.

También existen mentiras relacionadas con la imagen personal. Alguien puede atribuirse trabajos, contactos, propiedades o experiencias que nunca tuvo para parecer más exitoso frente a su entorno.

La simulación de enfermedades constituye otra variante. Allí pueden aparecer síntomas inventados, diagnósticos inexistentes o relatos sobre tratamientos médicos que nunca se realizaron.

En otros casos existe un objetivo económico. La mentira se utiliza para conseguir dinero, acceder a determinados beneficios o convencer a otra persona de participar en una operación.

Estas situaciones son diferentes de las denominadas mentiras esporádicas. El estudio de la Universidad de Massachusetts mostró que faltar a la verdad ocasionalmente forma parte de muchas interacciones cotidianas y no alcanza para identificar un patrón compulsivo.

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