Myriam Melechenko, de 58 años, trabajó 30 años en el sector corporativo. A los 51 dejó su empleo, inició un negocio de alquiler de vestidos de fiesta y luego regresó a trabajar en una consultora para completar sus aportes jubilatorios.
Myriam Melechenko, de 58 años, trabajó durante 30 años en el ámbito corporativo, casi 26 de ellos en un mismo grupo empresarial, donde se desempeñó en distintas áreas hasta llegar a ser líder de sistemas. A tres días de cumplir 51 años, decidió dejar su empleo tras acordar una salida económica con la empresa.
La primera mañana sin obligaciones laborales, Melechenko relató: “La rutina era levantarme temprano, subir al auto e ir a trabajar, eran tiempos de presencialidad todos los días. Pero esa mañana me levanté, me quedé en jogging en mi casa tomando mate y dije ¡ay, que fuerte esto! salí, me quedé al sol, es como que empezás a procesar la información de a poco”. Agregó que no se sintió desanimada y tomó la situación como una oportunidad.
Al retirarse, la empresa le ofreció un programa de Outplacement con una consultora durante cuatro meses. Según explicó, el programa incluía sesiones individuales con un coach, reuniones de contención emocional y talleres, por ejemplo, para mejorar su perfil de LinkedIn. A través de ese espacio conformó un grupo de profesionales con quienes intercambia oportunidades y consejos.
Melechenko decidió emprender. Se tomó ocho meses para desarrollar su propia marca, Prusia Catalina, un negocio de alquiler de vestidos de fiesta. La idea surgió en 2018, cuando su hijo egresó del colegio y no encontró un vestido adecuado para la ocasión. Observó que existían sitios de alquiler de vestidos de fiesta y consideró que el modelo era rentable y sustentable. Inicialmente recibió vestidos donados por amigas y familiares, y las madres del colegio posaron para las fotos. Luego invirtió en stock y afrontó gastos de producción de fotos. Con el tiempo mudó el showroom a un espacio propio en la estación de Ramos Mejía.
Sobre la operación del negocio, detalló: “Los vestidos están impecables, la verdad que tengo re buenas clientas que cuidan mucho los vestidos. Para renovar el stock hago dos ferias y vendo vestidos en circulación, con ese ingreso compro vestidos nuevos, tengo algunos nacionales y otros de España, disfruto mucho de viajar. Compro en liquidación porque sino no recupero el costo con los alquileres. Compro vestidos que sean un caballito de batalla que sé que lo alquilo cinco veces y recupero el costo”. Indicó que no tiene vestidos seriados en colores y talles porque cada clienta busca algo distinto, y que trabaja hasta el talle 2XL.
En enero de 2020, ante la necesidad de completar aportes jubilatorios, decidió buscar un empleo corporativo en paralelo. En la primera entrevista le ofrecieron un puesto en una consultora de sistemas. Dos meses después, con la llegada de la pandemia, se suspendieron los eventos y su emprendimiento quedó frenado. Actualmente trabaja de lunes a viernes de 9 a 18 horas en la consultora y atiende el showroom los sábados y ocasionalmente los domingos. “El emprendimiento creció y eso me lleva a tomar responsabilidades extras pensando más que nada en que el día que me jubile voy a tener otro ingreso asegurado que ya está armado”, explicó.
Melechenko señaló que le falta un año y medio para jubilarse y que evaluará si continúa con consultoría independiente o se dedica solo al emprendimiento. También admitió que no puede dedicarle tiempo completo al negocio: “A veces pierdo alguna clienta porque me escriben para decirme que están en Ramos pero yo estoy en mi casa trabajando”. Concluyó que el cambio fue un alivio porque estaba cargada de estrés y que la experiencia de su edad la ayudó a equilibrar el trabajo.
