El Pentágono ordenó la salida de la flota de bombarderos B-1 de la base aérea de Fairford, en el suroeste de Inglaterra, luego de que se detectaran amenazas que apuntarían a un complot iraní. La decisión se produjo tras un incidente ocurrido el 27 de septiembre cerca de la instalación militar.
El Pentágono ordenó la retirada de su flota de bombarderos B-1 de la base aérea de Fairford, en el suroeste de Inglaterra, y su regreso a Estados Unidos. La medida fue confirmada por el presidente Donald Trump en una rueda de prensa, quien mencionó la existencia de amenazas que apuntarían a un complot orquestado por Irán.
El episodio que desencadenó la alerta ocurrió el 27 de septiembre, cuando un granjero de la zona llamó a la policía tras observar a un grupo de hombres en camionetas con actitud sospechosa cerca del cerco militar. En el operativo se detuvo inicialmente a cinco personas y posteriormente a un ciudadano británico-iraní. Los investigadores no encontraron explosivos, pero sí una cantidad de nafta que no fue justificada. Las autoridades manejan dos hipótesis: un posible atentado fallido o un robo de combustible motivado por los altos precios de la energía en el Reino Unido.
La decisión de la Justicia inglesa de liberar a todos los sospechosos bajo fianza generó reacciones en Washington. Trump declaró públicamente: “Yo no habría hecho eso”, y advirtió a Teherán ante los rumores de un posible uso de drones de ataque: si se atrevieron a hacerlo, “sufrirán enormemente”. El secretario de Estado, Marco Rubio, elogió la seguridad del lugar, pero afirmó que la situación involucra “claramente a un actor extranjero”.
Un funcionario estadounidense declaró a la cadena CNN que resultó inusual enviar los aviones de regreso a su origen cruzando el Atlántico, en lugar de reubicarlos en otra base europea. El diario New York Times informó que la inteligencia estadounidense venía rastreando esta advertencia desde hacía casi tres semanas y que en las últimas 24 horas la situación se volvió crítica, lo que llevó a los comandantes a ordenar la retirada.
En Londres, el portavoz del primer ministro británico, Andy Burnham, afirmó que los métodos de defensa de la base están probados y son impenetrables. Estas declaraciones contrastan con las que había realizado la semana pasada, cuando había mencionado sospechas sobre el rol de Irán en el incidente.
Desde marzo de este año, el Reino Unido había autorizado a Washington a utilizar exclusivamente la pista de Fairford como plataforma para lanzar “operaciones defensivas específicas” focalizadas en Irán. Esa habilitación convirtió a la instalación en la única base operativa dentro del territorio continental británico autorizada para este tipo de misiones. Durante los últimos meses, el tráfico de aeronaves pesadas se había vuelto constante en la zona, lo que obligó a reforzar el cerco de seguridad.
Trump restó dramatismo a la retirada al decir que solo movieron los aviones “un poco, no muy lejos” para evitar tentar al enemigo. La retirada deja las pistas vacías y a los sospechosos en libertad, mientras el eje Washington-Londres evalúa el replanteo logístico.
