La variedad de cepillos en el mercado abarca desde modelos manuales de pocos miles de pesos hasta equipos inteligentes con conectividad. Un odontólogo explica que la elección depende de la dureza de las cerdas, el tamaño del cabezal y la técnica de cepillado, más que del precio o las funciones adicionales.
A simple vista, elegir un cepillo de dientes parece una tarea sencilla. Sin embargo, frente a la góndola aparecen cada vez más variantes: cerdas suaves, medias o duras, cabezales de distintas formas y tamaños, modelos manuales, eléctricos, sónicos y hasta equipos inteligentes capaces de controlar la presión y conectarse con el celular.
La variedad abre una pregunta lógica: ¿realmente cambia mucho un cepillo de otro o todos terminan haciendo lo mismo?
La respuesta depende menos de la cantidad de funciones o del precio que de algunos aspectos básicos, como la dureza de las cerdas, el tamaño del cabezal y, fundamentalmente, una correcta técnica de cepillado.
“Hoy se recomienda siempre cerda blanda. El resto no se usa porque puede dañar los tejidos”, explicó el odontólogo Ignacio Sánchez Altamira.
Cepillos de dientes: qué mirar antes de comprar
Uno de los errores más frecuentes es asociar un cepillo duro con una limpieza más profunda. Según Sánchez Altamira, ocurre exactamente lo contrario desde el punto de vista del cuidado de la boca: aplicar demasiada fuerza o utilizar cerdas excesivamente rígidas puede lesionar los tejidos.
El segundo punto importante es el tamaño. El odontólogo recomienda elegir cabezales chicos o medianos, adaptados al tamaño de la boca.
“Siempre es conveniente un cepillo más pequeño para poder acceder bien a los dientes posteriores del maxilar superior”, explicó.
En cuanto al diseño, tampoco necesariamente más relieves, gomas o cerdas de distintas alturas significan una mejor limpieza. Para Sánchez Altamira, lo ideal es que las cerdas sean parejas, de manera de poder limpiar de forma uniforme toda la superficie del diente.
En los cepillos manuales hay opciones muy diferentes en precio. Un Oral-B Indicator, por ejemplo, se consigue por alrededor de $4.000, mientras que un pack de dos Colgate Slim Soft, de cerdas suaves, ronda los $10.000. Dentro de una categoría más premium, el Curaprox CS 5460, conocido por sus cerdas ultrasuaves, se vende por aproximadamente $21.000.
Los valores son orientativos y pueden variar según el comercio y las promociones vigentes.
Cepillo manual o eléctrico: cuál limpia mejor
El salto más importante en precio aparece al pasar de los modelos convencionales a los cepillos eléctricos.
Sin embargo, para una persona sin dificultades particulares, usar uno eléctrico no es indispensable para conseguir una buena higiene bucal.
“En una persona con movilidad reducida o en chicos sirven porque tienen menos motricidad fina. Si no, deberías poder lograr un buen cepillado de cualquier manera”, señaló Sánchez Altamira.
La ventaja de los modelos eléctricos aparece, justamente, en que automatizan parte del movimiento que en un cepillo tradicional debe hacer la mano. Además, muchos incorporan temporizadores, sensores de presión y distintos programas de limpieza, funciones que pueden ayudar a corregir algunos malos hábitos.
Entre las alternativas más sencillas aparecen modelos eléctricos de Oral-B con cabezal oscilante desde aproximadamente $37.000, según precios publicados actualmente en Mercado Libre.
En el otro extremo están los modelos inteligentes, que pueden costar varias veces más.
Uno de los ejemplos es el Oral-B iO Series 5, que incorpora sensor de presión y diferentes modos de cepillado y se comercializa desde $300.000.
Más arriba se encuentra el Oral-B iO Series 9, uno de los modelos más avanzados de la marca. Utiliza tecnología magnética, ofrece siete modos de cepillado, sensor de presión, temporizador y conectividad Bluetooth para registrar el uso desde una aplicación. Según la versión y los accesorios incluidos, actualmente se consigue desde aproximadamente $490.000 hasta $890.000.
Este tipo de tecnología puede aportar información y guiar al usuario, aunque no reemplaza una cuestión mucho más elemental: cepillarse correctamente.
Cómo cepillarse bien los dientes
La técnica importa tanto como el cepillo elegido.
Sánchez Altamira recomienda colocar el cepillo en un ángulo de aproximadamente 45 grados, de modo de alcanzar correctamente las zonas del diente cercanas a la encía.
El movimiento debe repetirse tanto en la cara exterior como en la interior de los dientes.
“En los dientes anteriores, para cepillar la cara palatina hay que inclinar el cepillo apuntando la cabeza contra el paladar o contra el piso de la boca, respectivamente”, detalló el odontólogo.
Otro punto clave es la presión.
No hace falta apretar con fuerza. Como referencia sencilla, Sánchez Altamira sostiene que las cerdas no deberían abrirse durante el cepillado. Si se deforman hacia los costados, probablemente se esté ejerciendo demasiada presión y, además, algunas zonas podrían quedar sin limpiar correctamente.
Entre los errores habituales también aparecen olvidarse de alguna de las caras de los dientes y no complementar el cepillado con algún elemento de higiene interdental.
En cuanto a la frecuencia, el especialista aconseja hacerlo luego de cada una de las comidas principales: desayuno, almuerzo y cena.
El cepillado, además, no alcanza por sí solo a todas las superficies. Por eso se recomienda complementar la higiene con hilo dental u otro limpiador interdental al menos una vez al día, ya que permite remover placa y restos de comida de los espacios entre los dientes a los que las cerdas no llegan correctamente.
El enjuague bucal, en cambio, puede funcionar como complemento pero no reemplaza ni al cepillado ni a la limpieza interdental. Según su formulación, algunos productos pueden ayudar a controlar la placa, la gingivitis, el mal aliento o prevenir caries; su conveniencia depende de las necesidades de cada persona y, especialmente en los enjuagues terapéuticos, de la indicación del odontólogo.
Cada cuánto hay que cambiar el cepillo de dientes
El desgaste también influye en la capacidad de limpieza.
Como regla sencilla, Sánchez Altamira recomienda reemplazar el cepillo manual o el cabezal de uno eléctrico con cada cambio de estación, es decir, aproximadamente cada tres meses.
Pero puede ser necesario hacerlo antes: “Si el cepillo se abre rápidamente, hay que tener en cuenta que probablemente se esté aplicando demasiada presión”.
Por eso, más allá de elegir entre un cepillo de pocos miles de pesos o un eléctrico con sensores y conexión al celular, los criterios básicos siguen siendo los mismos: cerdas suaves, un cabezal que permita llegar a toda la boca y una técnica adecuada.
La tecnología puede facilitar el proceso. Pero, como ocurre con otros dispositivos de cuidado personal, pagar más no compensa por sí solo una mala utilización.
