El film dirigido por Joel Crawford y Januel P. Mercado se estrena en Argentina. La historia sigue a Jo y Raissa, dos amigas que viajan a una isla mítica basada en el folclore filipino.
La isla olvidada (Forgotten Island, Estados Unidos/2026) es una película animada dirigida por Joel Crawford y Januel P. Mercado, con guion de ambos. La edición estuvo a cargo de James Ryan. La calificación es audiencia general. La distribuidora es UIP. La duración es de 109 minutos.
El film, de los mismos directores de El gato con botas: El último deseo, presenta una multiplicidad de ideas visuales y narrativas, personajes definidos y referencias a la cultura filipina. Costumbres y leyendas, figuras familiares y míticas se combinan en un entramado de colores y diversas técnicas de animación. Las protagonistas son Jo y Raissa, cuya amistad se forjó en la infancia por su interés en los mitos del folclore filipino.
Ambientada en los años 90, la trama parte de los cuentos de Lola, la abuela de Jo. Las chicas se crían con un sentido de la aventura que las lleva a representar a Manang, la vampiresa de los relatos de la abuela, frente a toda la escuela, a conducir un colectivo hasta la playa antes de la edad legal y a encontrar en esa arena el talismán que las transporta a Nakali, la isla olvidada del título.
Ese viaje ocurre cuando Raissa se prepara para estudiar en la universidad en los Estados Unidos y Jo continúa pasando de un empleo a otro, sin asumir responsabilidades adultas.
Con variados estilos de animación que recuerdan al anime, el colorido de películas como Coco de Pixar y el vértigo de Las guerreras del K-Pop, La isla olvidada llena la pantalla de ideas, colores y personajes como Raww, un híbrido entre humano y perro que se autodesigna guía; Batiba, un demonio que colecciona recuerdos de visitantes; y Bungi, una especie de bebé gigante de tres ojos.
Varadas en la isla, que incluye un pájaro multicolor usado como transporte, una tribu de árboles antropomorfizados, duendes con conocimiento de mitología griega y un tritón aficionado a las selfies, las protagonistas deben encontrar la forma de volver a su mundo sin sacrificar sus memorias ni su amistad.
El dúo de guionistas y directores destaca la importancia del vínculo entre las estridencias de los paisajes. Aunque graciosos, los guiños a las costumbres de Filipinas, con fijación en el karaoke, y las referencias a la cultura popular global a veces distraen del corazón de la trama. Por momentos la acumulación de bromas visuales y diálogos opacan el brillo de Jo y Raissa, dos jóvenes mujeres inteligentes, intrépidas, sensibles y compinches en sus similitudes y diferencias.
