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María José Valero, madre de acogida a los 55 años: “Amar no siempre significa quedarse”

María José Valero, de 55 años, relata su experiencia como familia de acogida de urgencia tras haber criado a su hija biológica. Su testimonio aborda la necesidad de hogares para menores en situación de desprotección y el vínculo afectivo en contextos temporales.

El sistema de protección infantil enfrenta una escasez de hogares dispuestos a recibir a menores en situación de vulnerabilidad. Según datos del Ministerio de Juventud e Infancia, Argentina cuenta con unos 20.000 niños bajo tutela estatal, de los cuales más de mil pertenecen a la primera infancia. La oferta de familias acogedoras se redujo un 32% en los últimos años. En Cataluña, el número de familias activas alcanzó las 883 al cierre de julio de 2026.

María José Valero, de 55 años, madre de una hija de 21, decidió incorporarse al programa de acogimiento familiar en la modalidad de urgencia y diagnóstico. Esta modalidad busca evitar el ingreso de bebés en centros de acogida mediante la provisión de un hogar provisional. El proceso de selección incluyó entrevistas y evaluaciones de idoneidad, en las que participaron su esposo Juan Carlos y su hija Edith.

Valero explicó que la experiencia previa como madre biológica facilitó ciertas tareas prácticas, aunque señaló diferencias en el vínculo emocional. “Cuando vas a ser madre, te preparas para recibir a alguien que esperas que forme parte de tu vida para siempre. Cuando acoges, sabes desde el principio que ese bebé puede marcharse”, declaró a La Vanguardia.

Durante la convivencia, la rutina familiar se adapta a las necesidades del bebé. Valero prioriza la tranquilidad, el contacto físico y la creación de un espacio predecible. La relación con la familia biológica forma parte del proceso. Valero manifestó que intenta transmitir al menor que el entorno actual constituye solo una etapa.

“Amar no siempre significa quedarse. Puedes cuidar y querer muchísimo a un bebé sin confundir el lugar que ocupas en su vida”, sostuvo Valero. Su hija biológica participa en este modelo de crianza y apoya la labor de sus padres. La familia utiliza técnicas de reflexión y manejo consciente de las emociones para gestionar los vínculos.

Valero aclaró que su objetivo no es reparar las vivencias previas del menor, sino ofrecer una vivencia alternativa basada en la estabilidad y el afecto. La meta es proporcionar un capítulo positivo en la historia del menor. Valero insistió en que el éxito de la experiencia no depende de la permanencia del niño.

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