Un informe del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (PRIO) indica que la cifra de niños y niñas en zonas de conflicto activo alcanzó un récord de 520 millones en 2025, mientras que las violaciones graves contra la infancia aumentaron un 25% en 2024, según datos de la ONU.
En el marco del Día de la Niñez, se difundieron datos sobre la situación de los menores que viven en zonas de conflicto armado. Según las estimaciones del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (PRIO), la cantidad de niños y niñas en zonas de conflictos armados activos alcanzó la cifra récord de 520 millones en 2025. Esto representa a más de uno de cada cinco menores a nivel mundial, el nivel más alto registrado en la historia por tercer año consecutivo.
El informe del Secretario General de Naciones Unidas sobre niños y conflictos armados, presentado en junio de 2025 ante la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, indica que en 2024 las violaciones graves contra menores en contextos de conflicto (asesinatos, mutilaciones, reclutamiento forzado, secuestros, ataques a escuelas y hospitales, y obstrucción de ayuda humanitaria) aumentaron un 25% respecto del año anterior. Los ataques contra establecimientos educativos crecieron un 44%.
Desde 2010, el número de niños y niñas que viven en zonas afectadas por conflictos creció alrededor de un 60%, mientras que las violaciones graves verificadas en su contra aumentaron cerca de un 373%. A fines de 2025, había más de 45 millones de menores desplazados por la fuerza en el mundo.
Un caso documentado es el de Yosyp, un niño de Dnipro, Ucrania. Durante un ataque aéreo, su madre, Svitlana, de 38 años, lo llevó al refugio del edificio junto a su gato y documentos. Al regresar, encontraron los bloques de Lego sobre la repisa de una ventana destruida por la onda expansiva de un dron. Svitlana relató: “Cuando escuchamos la explosión, fue terrible. El edificio parecía hundirse. Se oían los vidrios de las ventanas estallar y caer por todos lados, mientras los niños empezaban a llorar”. También agregó: “Después del ataque, salí corriendo para ver lo que había pasado… Vi que absolutamente todos los coches estaban en llamas. Todo estaba cubierto de vidrio”.
Svitlana ya había sido desplazada en 2014 desde Donetsk y nuevamente en 2022. Actualmente trabaja en una organización que ayuda a familias desplazadas. Sobre el reciente ataque, admitió que cada sirena le provoca ansiedad. Su prioridad es evitar un tercer desplazamiento para su hijo.
En Dnipro, muchas escuelas funcionan en estaciones y vagones de subte para proteger a los menores de posibles bombardeos. Las clases se interrumpen cada vez que suena la alarma de ataque aéreo.
La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) brinda asistencia a menores desplazados y a sus familias, incluyendo alojamiento temporal, apoyo psicosocial y artículos de primera necesidad. En el caso de Svitlana, tras el ataque, un equipo reparó la vivienda para protegerlos del frío.
Desde Argentina, se puede colaborar con ACNUR a través de su sitio web (fundacionacnur.org/dona) para apoyar a menores y familias desplazadas.
