Especialistas en cuidado capilar advierten que frotar el cabello con fuerza al lavarlo o secarlo puede debilitar la fibra capilar y favorecer su caída.
Cada día, millones de personas siguen rutinas de higiene que parecen inofensivas, pero un gesto común al bañarse puede tener consecuencias para la salud capilar. Frotar el cabello con fuerza, ya sea al aplicar el shampoo o al secarlo con la toalla, es una práctica extendida que, lejos de aportar beneficios, favorece la caída del cabello y lo debilita.
Especialistas advierten que este hábito, repetido de manera cotidiana, puede afectar la estructura y el crecimiento del pelo. Al frotar con fuerza, se genera fricción que debilita la fibra capilar, haciendo que el cabello se rompa o se desprenda más fácilmente desde la raíz. La fricción excesiva también puede irritar el cuero cabelludo, lo que afecta la salud de los folículos pilosos y puede alterar el ciclo de crecimiento del cabello. El cabello mojado es más vulnerable porque la cutícula (la capa externa) está abierta, por lo que al tallarlo con fuerza, se daña con mayor facilidad y se vuelve más propenso a caerse o a partirse.
Por eso, se recomienda masajear suavemente el cuero cabelludo al lavar y secar el cabello presionando con la toalla, sin frotar ni retorcer. Esto ayuda a proteger la estructura capilar y a evitar la caída relacionada con daños mecánicos.
Otros errores que se suelen cometer al bañarse y que favorecen la caída del cabello incluyen: lavar el pelo con agua demasiado caliente, usar productos inadecuados para el tipo de cabello, no enjuagar bien el shampoo y el acondicionador, y lavar el cabello con demasiada frecuencia. Evitar estos hábitos puede ayudar a mantener el cabello más sano y reducir la caída. Si la caída es excesiva, es recomendable consultar a un dermatólogo.
