El autocuidado físico y emocional, mediante hábitos simples como hidratarse al despertar, caminar o establecer límites, puede prevenir enfermedades crónicas y reducir gastos sanitarios, según un informe difundido en el Día Mundial del Autocuidado.
Buenos Aires, 24 julio (NA) — El autocuidado físico es una de las bases fundamentales del bienestar integral, ya que el cuerpo necesita atención para mantenerse fuerte y saludable. Alimentarse de manera consciente no implica dietas extremas, sino proporcionar al organismo los nutrientes necesarios, según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas en el marco del Día Mundial del Autocuidado.
Incorporar más frutas y verduras, beber suficiente agua y evitar los ultraprocesados son decisiones simples que marcan una diferencia significativa, indicó el documento. El movimiento es otro pilar esencial: no requiere inscribirse en un gimnasio ni correr maratones. Una caminata diaria activa, optar por escaleras en lugar de ascensores o estirarse después de varias horas de trabajo son gestos que mejoran el estado físico y mental.
Descansar bien también forma parte del autocuidado. Respetar las horas de sueño, crear un ambiente relajante antes de dormir y evitar las pantallas en la cama favorecen un descanso reparador y ayudan a regular el estado de ánimo y la energía diaria.
“Cuidarnos es una forma de prevención. Nos ayuda a evitar enfermedades, a reducir el estrés y a mejorar la calidad de nuestras relaciones. También nos permite ser más productivos y estar más presentes en nuestra propia vida; es una inversión a largo plazo: lo que hagamos hoy en favor de nuestra salud impactará directamente en cómo nos sentiremos en los próximos años”, afirmó Ailín Catalá, jefa de comunicación institucional de Ospedyc.
De acuerdo con la Asociación Latinoamericana de Autocuidado Responsable (ILAR), se estima que alrededor del 57% de la población adulta de la región (302 millones de habitantes) tiene sobrepeso y el 19% (100,8 millones de personas) padece obesidad. Estas condiciones favorecen el desarrollo de enfermedades crónicas que representan inversiones millonarias para los sistemas de salud y causan el 30% de la mortalidad regional por enfermedad cardiovascular, diabetes, hipertensión y enfermedad renal crónica.
“El autocuidado emocional es igual de importante que el físico”, continuó Catalá. “Aprender a reconocer nuestras emociones y darles un espacio es fundamental. Si algo nos abruma, podemos tomarnos un momento para respirar profundo, escribir lo que sentimos o compartirlo con alguien de confianza”. Agregó: “Establecer límites saludables también es parte de este proceso. Aceptar que no podemos con todo y decir ‘no’ cuando es necesario es una manera de proteger nuestro bienestar. Aprender a desconectarnos, tomarnos pausas y permitirnos descansar sin culpa también forma parte del autocuidado emocional”.
Ejercitar la mente es igualmente relevante. Leer, aprender algo nuevo, escribir o hacer ejercicios mentales ayuda a mantener las capacidades cognitivas activas y previene el desgaste mental. Reducir la sobrecarga informativa, limitar el tiempo de exposición a las pantallas y elegir qué información consumir contribuye a una mente más clara y tranquila.
El autocuidado no requiere cambios drásticos. Gestos como beber un vaso de agua al despertar, reducir el uso del teléfono antes de dormir o dar un paseo de diez minutos pueden impactar positivamente en el bienestar. Además, implica decisiones cotidianas que pueden salvar vidas: usar el cinturón de seguridad en todos los asientos, limitar el consumo de alcohol, cruzar la calle con prudencia, mantener una buena higiene dental, ventilar los espacios para evitar intoxicaciones por monóxido de carbono o conocer los antecedentes médicos familiares para realizar chequeos correspondientes.
Elegir no fumar o dejar de hacerlo es una decisión que puede prevenir enfermedades graves como cáncer de pulmón, problemas cardíacos y respiratorios. “Estas prácticas representan formas inmediatas y efectivas de cuidar nuestra salud y mejorar nuestra calidad de vida. Al incorporar hábitos saludables en nuestra rutina diaria, estamos invirtiendo en nuestra salud presente y en nuestra calidad de vida futura. No hay mejor momento para empezar que ahora”, concluyó Catalá.
