El Campeonato Mundial de Fútbol de la FIFA ha sido escenario de hazañas deportivas. Un grupo de marcas establecidas hace más de cinco décadas se mantiene inalterable.
El Campeonato Mundial de Fútbol de la FIFA ha sido el escenario de las mayores hazañas del deporte. Sin embargo, un selecto grupo de marcas establecidas hace más de cinco décadas se mantiene inalterable.
La marca más emblemática pertenece al delantero francés Just Fontaine, quien en la Copa del Mundo de Suecia 1958 anotó trece goles en seis partidos. Ningún futbolista moderno ha logrado acercarse a este registro individual.
En su libro de memorias titulado “Mis trece goles”, el propio atacante galo detalló que debió jugar aquel torneo con botines prestados de un compañero.
Otro hito desde Suecia 1958 es el protagonizado por Pelé. El astro brasileño se convirtió en el futbolista más joven en marcar en una cita mundialista, al anotar contra Gales con 17 años y 239 días.
El legendario atacante sudamericano también ostenta el récord de ser el campeón mundial de menor edad, tras levantar el trofeo Jules Rimet con 17 años y 249 días.
A nivel colectivo, la selección de Hungría de Suiza 1954 estableció un registro de efectividad ofensiva. Aquel combinado convirtió 27 goles en cinco compromisos, promediando 5.4 tantos por juego.
En el mismo torneo, el húngaro Sándor Kocsis estableció la marca de mayor cantidad de tripletes en una sola edición, al marcar tres o más goles en dos partidos diferentes.
El partido con mayor cantidad de anotaciones ocurrió en Suiza 1954, cuando Austria derrotó al local por siete a cinco en cuartos de final. Los doce tantos constituyen una cifra que no ha vuelto a repetirse en fases finales.
El italiano Vittorio Pozzo se mantiene como el único entrenador en conquistar dos títulos mundiales consecutivos, logrados en 1934 y 1938.
En la final de Inglaterra 1966, el delantero local Geoff Hurst concretó el único triplete en una final mundialista masculina del siglo veinte.
La racha más extensa de partidos invictos para una selección pertenece a Brasil, que acumuló trece encuentros sin conocer la derrota entre Suecia 1958 e Inglaterra 1966.
El historiador futbolístico Brian Glanville, en su obra “La historia de la Copa del Mundo”, resalta la complejidad técnica de sostener planteles competitivos bajo presión mediática y física.
Otro registro ocurrió en el encuentro definitivo de Brasil 1950. La final entre los locales y Uruguay registró una asistencia oficial de 173.850 espectadores.
En cuanto a la rapidez para abrir el marcador en un partido definitivo, el neerlandés Johan Neeskens ostenta el récord desde la final de Alemania 1974, al anotar un tiro penal a los noventa segundos.
El brasileño Jairzinho logró en México 1970 una hazaña al convertir al menos un gol en cada uno de los seis partidos disputados por su selección hacia el título.
