El artículo analiza la relación entre el poder político y los medios de comunicación en Argentina, destacando tensiones recurrentes a lo largo de la historia y los desafíos actuales frente a transformaciones tecnológicas y discursos oficiales.
La historia muestra una recurrente tensión, plagada de controles y represiones, entre el poder político y los medios de comunicación, que han soportado agresiones de gobiernos cualquiera fuera su signo, según señala el artículo.
El texto plantea que esta fricción se instala en una mutación civilizatoria impulsada por transformaciones científico-tecnológicas que invaden el espectro entero de las relaciones sociales. Se menciona que, desde el poder, se vocifera e insulta al periodismo, principal actor de la libertad de prensa.
Se recuerda que incluso Thomas Jefferson, defensor de la libertad de prensa, no soportó la crítica de los periódicos cuando fue presidente de Estados Unidos. En Argentina, estos episodios se repitieron a lo largo del último siglo, con imposición de censura.
El artículo sostiene que el periodismo se acopló a las transformaciones de cada etapa industrial: prensa escrita, radio, televisión, comunicación digital. Cita a Tocqueville, quien en 1840 afirmó que los periódicos mantienen la civilización.
Se identifican factores intrínsecos al ejercicio del periodismo que atañen a su calidad profesional y ética, como la defensa de intereses ocultos o la manipulación de la opinión con mentiras y difamaciones. También se señala la agresión incesante de poderes opresores de cualquier signo.
El artículo menciona que regímenes de partido único en China, Cuba y Corea del Norte, autocracias en Rusia y Nicaragua marcan una contradicción donde el progreso es asimétrico: la ciencia avanza rápido, pero el progreso político no acompaña ese vértigo.
Se destaca que las democracias representativas tienen dificultades para adaptarse al ritmo de la mutación civilizatoria, mientras se multiplican nuevos instrumentos de comunicación. El periodismo está en medio de esta mutación y padece agresiones actuales que provienen del fondo del pasado.
El texto aborda el desafío de la opinión pública convertida en un genio planetario a través de redes sociales, y señala que tras la aparente democratización de los consumidores despuntaría una oligarquía eficaz productora de tecnología. Como ejemplo, menciona la inteligencia artificial.
Se cita la carta encíclica ‘Magnifica humanitas’ de León XIV, que advierte que el control de plataformas, infraestructuras, datos y capacidad de cálculo no es prerrogativa de los Estados sino de grandes actores económicos y tecnológicos, lo que genera riesgo de manipulaciones y desigualdades.
El artículo menciona el llamado de atención del director de The New York Times, Arthur Sulzburger, sobre el ‘robo descarado de la propiedad intelectual’ por parte de la inteligencia artificial, que actuaría como un parásito alimentándose de materias elaboradas por la prensa.
Se afirma que liderazgos políticos de nuevo cuño, como los de Donald Trump y Javier Milei, recrean la concepción de la política basada en la enemistad, usando redes sociales para control y propaganda. En ese contexto, el insulto y la agresión continua del gobernante al periodismo son una constante.
El texto concluye que la libertad de comunicar, según Kant, consiste en ‘la libertad de hacer un uso público de la propia razón en cualquier dominio’, y que el periodismo defiende la razón de la libertad contra los administradores del odio.
