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Qué significa para la psicología que se acumulen objetos en una casa o que haya una habitación sin uso

Ruidos, objetos acumulados, luz, circulación y rutinas domésticas influyen en el humor, los vínculos y la energía diaria; por qué ciertos espacios calman, otros irritan y los pequeños ajustes que pueden producir cambios concretos.

Una casa no solo aloja rutinas, recuerdos y personas, sino que también organiza estados de ánimo, modula el estrés y condiciona la forma en que se piensa, duerme o discute. Desde la psicología ambiental, disciplina que estudia la relación entre las personas y sus entornos construidos, se sabe que el cerebro evalúa de manera constante variables como la luz, el ruido, la temperatura y la complejidad visual.

Un trabajo liderado por Gary Evans, psicólogo ambiental de la Universidad de Cornell, mostró que la exposición crónica al ruido doméstico incrementa los niveles de cortisol y deteriora la memoria de trabajo. Evans afirmó en el momento de la presentación de su investigación que “los entornos residenciales con alta carga sensorial exigen un esfuerzo cognitivo constante, lo que termina generando fatiga mental, irritabilidad y una menor capacidad para regular las emociones en la vida cotidiana”.

Roger Ulrich, especialista en diseño basado en evidencia de la Universidad de Texas A&M, sostuvo que “cuando las personas se encuentran en espacios con configuraciones claras, buena iluminación y estímulos predecibles, el sistema nervioso parasimpático se activa con mayor facilidad, favoreciendo una recuperación emocional rápida frente a las demandas del día”.

Según la teoría de la restauración de la atención desarrollada por Stephen Kaplan, psicólogo de la Universidad de Michigan, “los ambientes que ofrecen coherencia, posibilidad de exploración sin esfuerzo y una sensación de alejamiento psicológico permiten que la atención dirigida descanse, algo esencial para el equilibrio emocional y la toma de decisiones”.

Estudios del Lighting Research Center del Rensselaer Polytechnic Institute indican que una iluminación mal calibrada altera la secreción de melatonina y empeora el estado de ánimo. Mariana Figueiro, directora de investigación de ese centro, sostuvo que “la luz en el hogar no solo permite ver, también envía mensajes biológicos potentes que influyen en el sueño, la energía diurna y la estabilidad emocional a lo largo de la semana”.

La acumulación suele interpretarse como apego material, aunque muchas veces señala fatiga mental. Objetos que esperan ser reparados, leídos o donados funcionan como promesas incumplidas que el cerebro registra. Según investigaciones del Princeton Neuroscience Institute, lideradas por Sabine Kastner, “cuando múltiples objetos reclaman atención simultánea, el cerebro debe filtrar activamente, lo que incrementa el esfuerzo mental y la sensación de agotamiento”.

Un trabajo de la Universidad de California en Los Ángeles, dirigido por Anthony Graesch, señaló que “la falta de sistemas claros en el hogar se traduce en una experiencia diaria de pérdida de control que impacta directamente en el bienestar emocional”.

La arquitecta y psicóloga ambiental Clare Cooper Marcus, investigadora del Center for Health Design de California, sostuvo que “los espacios abandonados dentro de una casa suelen corresponder a necesidades internas no reconocidas o a duelos no elaborados, y su sola presencia afecta la energía emocional del conjunto”.

Estudios del Human Factors and Ergonomics Research Group de la Universidad de Nottingham demostraron que los entornos con circulación fluida reducen la activación fisiológica asociada al estrés. Nick Tyler, su investigador principal, explicó que “cuando el movimiento es fácil, la mente también se flexibiliza”.

Investigaciones de la Universidad de Minnesota sobre diseño y comportamiento demostraron que los entornos con circulación clara facilitan la autorregulación emocional. La psicóloga ambiental Sally Augustin explicó que “cuando el espacio permite moverse sin obstáculos innecesarios, las personas reportan menor irritabilidad, mayor sensación de control y una disposición emocional más estable a lo largo del día”.

El Happiness Research Institute estudió cómo estos entornos impactan en el bienestar. Meik Wiking, su director, señaló que “pequeños ajustes en iluminación, sonido y materiales pueden reducir el estrés diario y aumentar la sensación de seguridad emocional dentro del hogar”.

Margareta Magnusson, artista y autora que popularizó el concepto de Swedish death cleaning, afirmó que “ordenar no es deshacerse de cosas, sino un acto de consideración hacia uno mismo y hacia los demás, una forma de liberar espacio mental y emocional para lo que todavía puede vivirse”.

Investigaciones sobre carga cognitiva realizadas en la Universidad de California en San Diego demostraron que reducir estímulos irrelevantes mejora la toma de decisiones y disminuye la fatiga mental. El neurocientífico Adam Gazzaley, investigador principal, sugirió que “el cerebro humano no está preparado para procesar múltiples estímulos constantes; cada elemento innecesario consume recursos que podrían destinarse a tareas más significativas”.

Wendy Wood, psicóloga social de la Universidad del Sur de California, afirmó que “las conductas repetidas en contextos estables se automatizan con rapidez, y esos hábitos cotidianos tienen un impacto directo en la regulación emocional”.

La neurocientífica Rachel Herz, especialista en percepción olfativa de la Brown University, indicó que “los aromas tienen una conexión directa con la emoción y la memoria. Modificar el paisaje olfativo del hogar puede cambiar de manera inmediata el tono emocional de una experiencia”.

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