Un método casero permite retirar plantas silvestres no deseadas en superficies pavimentadas sin necesidad de productos químicos. La mezcla de agua caliente y sal se aplica directamente sobre la maleza, aunque su uso debe limitarse a zonas sin otra vegetación.
Un par de días de lluvia y un pedacito de tierra es todo lo que hace falta para que afloren plantas silvestres en cualquier jardín. Si a uno no le preocupa especialmente la variedad de especies vegetales o prefiere un jardín au naturale, las plantas silvestres serán igual de bienvenidas que cualquier otra. Cuando no es el caso, la planta silvestre pasa a ser – o a llamarse – mala hierba, y en general quien así la considera preferirá retirarla de donde no la quiere.
Las zonas más soleadas y húmedas son las que antes se llenan de maleza. Si las raíces tienen tiempo de afianzarse, sacarlas se vuelve bastante más complicado, y mientras tanto, la planta no deseada compite con el resto por el agua y los nutrientes del suelo.
Agua caliente con sal para eliminar las malas hierbas
El procedimiento es sencillo: se calienta agua casi hasta el punto de ebullición, se añade una buena cantidad de sal gruesa y se remueve hasta que se disuelva del todo. La solución se aplica directamente sobre la base de la maleza, preferiblemente en zonas pavimentadas o en las juntas entre baldosas, donde no habrá riesgo de afectar a otras plantas. El calor del agua daña las hojas y las raíces más superficiales, y la sal termina de deshidratar la planta en poco tiempo. Las malas hierbas jóvenes suelen secarse en cuestión de días.
Eso sí, conviene no utilizar demasiada sal, porque en abundancia empobrece el suelo y puede perjudicar a las plantas del entorno. Este método es ideal para caminos, bordes de cemento y grietas en suelos exteriores, donde el riesgo de daño colateral es mínimo; pero no para las plantas silvestres que crecen junto a otra vegetación que se desee conservar en buen estado. Es decir, que lo mejor es no utilizarlo en parterres con flores, arbustos u hortalizas, ya que la sal se filtra en la tierra y puede alterar su composición durante bastante tiempo.
Para que el problema no se repita, la prevención ayuda tanto como el tratamiento. Retirar hojas secas y restos orgánicos de las superficies exteriores evita que las semillas encuentren el ambiente propicio para germinar. En los parterres, cubrir el suelo con corteza, piedra pómez u otros materiales naturales reduce la luz que llega a las semillas y mantiene la tierra más fresca. Y revisar el jardín después de los días de lluvia permite actuar antes de que las primeras hierbas echen raíces y el trabajo se multiplique.
