Una pareja con dos hijos encaró la remodelación total de una casa de los años 40 en el barrio de Colegiales, manteniendo la fachada de valor histórico y adaptando los espacios a la vida contemporánea.
Una pareja con dos hijos buscaba conservar ciertos atributos de la casa original de los años 40 —como la fachada y la altura de la planta baja—, pero adaptándola a una vida contemporánea.
“La casa había estado abandonada durante más de 15 años y estaba muy deteriorada: salvo la losa sobre planta baja, la obra húmeda se hizo prácticamente de cero”, afirmó el arquitecto Alejandro Bokser Amado, del estudio BAS, que trabajó en sociedad con Pablo Carracedo y Florencia Oszurkiewicz.
Desde lo estético, conservaron la fachada de valor histórico en un barrio donde conviven distintas arquitecturas del siglo XX. “Mantenerla no fue solo una decisión patrimonial, sino también urbana, ya que permite que la casa siga dialogando con su entorno. Nuestros clientes compartían esa mirada: querían una vivienda contemporánea en sus prestaciones, pero integrada a la identidad de Colegiales”, agregó Bokser Amado.
Integración y usos múltiples
La planta baja se concibe como un único espacio continuo donde estar, comedor y cocina se definen por su posición, equipamiento y cualidad espacial. El estar ocupa el sector de mayor altura, donde se recupera la losa de bovedilla original. El comedor actúa como transición, con visuales abiertas hacia el patio. La cocina, ubicada bajo la terraza, se reconoce por un cambio en la altura y por la presencia de una isla que organiza el uso. Una lucarna sobre la medianera aporta luz y termina de delimitar el espacio sin necesidad de cerramientos.
“Uno de los elementos centrales del proyecto es la escalera: una pieza liviana de acero, suspendida mediante tensores y revestida con chapa microperforada, que permite graduar luz, privacidad y ventilación”, explicó el arquitecto.
“La casa logra una expresión moderna sin perder condición doméstica ni habitabilidad familiar, que fue una de las premisas centrales del proyecto”, sostuvo Bokser Amado.
“Se diseñaron dos patios: uno central y otro al fondo del lote. Ambos generan una apertura dentro de la manzana que permite el ingreso de sol directo, especialmente desde el noroeste a partir de la tarde”, detalló.
“En la segunda planta se proyectó un espacio flexible que puede funcionar como área social, playroom u oficina, vinculado a una parrilla y horno a leña, capaz de adaptarse a distintos usos simultáneos”, agregó Alejandro Bokser Amado.
Como se buscó diferenciar con claridad la ampliación y hacer evidente que es una intervención contemporánea, el volumen superior se hizo en negro. En la planta alta existía una construcción precaria de madera y chapa que fue desmontada completamente.
