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Jabalíes de Chernóbil: los animales más radiactivos de la zona de exclusión

Un estudio revela que los jabalíes de Chernóbil presentan niveles de radiactividad más altos que lobos y perros, debido a la acumulación de cesio de pruebas nucleares de la Guerra Fría.

Un nuevo estudio publicado en la revista Environmental Science & Technology y difundido por National Geographic ha revelado que los jabalíes de la zona de exclusión de Chernóbil son actualmente los animales más radiactivos de la región, superando a lobos y perros. Sin embargo, la causa principal no es directamente el accidente nuclear de 1986, sino la acumulación de cesio radiactivo proveniente de pruebas nucleares realizadas durante la Guerra Fría.

El fenómeno, conocido como la “paradoja del jabalí salvaje”, se explica por la dieta de estos animales. Los jabalíes se alimentan de trufas de ciervo (del género Elaphomyces), que crecen entre 20 y 40 centímetros bajo tierra. Estos hongos actúan como bioacumuladores de isótopos pesados, atrapando partículas que se filtraron al subsuelo décadas atrás. Mientras que ciervos y corzos muestran niveles decrecientes de contaminación, en los jabalíes la concentración de isótopos se mantiene estable o incluso aumenta.

El equipo de biólogos de las universidades de Viena y Leibniz utilizó técnicas de espectrometría de masas para identificar la presencia de cesio 135, un isótopo de vida más larga que proviene de detonaciones atómicas pasadas. Según el profesor Georg Steinhauser, de la Universidad de Viena, “el elemento más relevante para la radiactividad de las muestras es el cesio 137, con una vida media aproximada de 30 años”. La combinación de ambos isótopos permite rastrear el origen del material contaminante.

El doctor Bin Feng, de la Leibniz Universität Hannover, explicó que “las diversas fuentes de isótopos radiactivos poseen huellas físicas diferenciadas entre sí”, lo que ha permitido determinar que gran parte del cesio en los jabalíes no proviene del desastre de Chernóbil, sino de los residuos de pruebas nucleares de la Guerra Fría.

Este patrón no se replica en los jabalíes expuestos tras el accidente nuclear de Fukushima, en Japón, donde los niveles de radiactividad han ido en descenso según lo previsto.

Las consecuencias prácticas de este fenómeno ya se observan en Europa Central, especialmente en regiones como Baviera, donde los cazadores han dejado de abatir jabalíes debido a que su carne supera los límites de seguridad alimentaria. Esto ha provocado un crecimiento incontrolado de las poblaciones de jabalíes, aumentando los daños en cultivos y afectando la gestión forestal.

La zona de exclusión de Chernóbil, establecida tras la catástrofe del 26 de abril de 1986, se ha convertido en un laboratorio natural para estudiar el impacto de la radiactividad en los ecosistemas. Mientras que lobos y hongos negros han mostrado adaptaciones sorprendentes, los jabalíes presentan una paradoja diagnóstica que sigue desafiando a los científicos.

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