A un año de las definiciones electorales, el Gobierno enfrenta tensiones internas y externas que impactan en los indicadores económicos y en la percepción ciudadana.
Las señales que emiten en turbia catarata los gurúes traen nubarrones al turno preelectoral 2027. El país está a un año del debate interno de los partidos para resolver candidaturas, haya o no haya PASO. Esta pirotecnia genera desconcierto y alimenta la incertidumbre que impulsa, a su vez, indicadores irremediables para este gobierno, como el riesgo país y su capacidad de enfrentar la agenda de pagos.
Es oportuno detenerse en las falacias que cimentan el error en política: A saber: La física política se mueve por otras variables, misteriosas y solo al alcance de mentes especiales que puedan aprovecharlas en su favor y emplearlas contra sus adversarios. El voto responde a la identificación entre los votantes y los dirigentes que se anotan para representarlos. Esa relación no suele mudar con las campañas ni con los debates de superficie, como los que distrajeron al gobierno y a un sector de la oposición en los últimos meses, como el caso Adorni.
De la sesión de control del miércoles no ha quedado mucho. Salvo la picaresca del presidente del cuerpo reclamándole al diputado radical Pablo Juliano que tratase de Ud. a Adorni, pero avalando con sonrisas que Javier Milei tratase de asesino a un diputado. Se escuchó por la señal oficial con claridad. Los micrófonos del recinto los maneja Menem (Martín), que habilita o no el sonido ambiente. Milei se expuso en ese momento para que Menem (Martín) le aplicase un 220. Es el artículo del reglamento que lo faculta para desalojar a las barras “por todos los medios que considere necesarios, hasta el de la fuerza pública”. Pretendían acaso que una manifestación de debilidad se viera como una prueba de poder.
Deberían traducirle al presidente la masterclass que fue el discurso del rey inglés ante el Capitolio. Le hizo pelo y barba, sin mencionarlo, a su anfitrión Trump y llevándose los aplausos de todos, defendiendo consignas contrarias como el objetivo Ucrania, la defensa del medio ambiente y, para lección de autoritarios, el respeto al Congreso como sede del soberano, la tradición republicana de la división de poderes y el imperio del derecho.
Hay que ver el efecto que este show pueda tener en el mediano plazo en el electorado del oficialismo, mayoritariamente identificado con el centro y centro derecha moderado, que hasta 2023 votaba a Juntos por el Cambio. En esas latitudes profundas de la sociedad pueden dispararse contraolas inesperadas. La historia no se repite, pero hay que conocerla para evitar que se repita.
En 1997 el gobierno de Carlos Menem hizo lo mismo que Milei al exponer a la sociedad a su defendido. Forzó a su jefe de gabinete Jorge Rodríguez a que recibiera al empresario Alfredo Yabrán. A la cita, que apenas duró 10 minutos en la Casa Rosada, se le dio publicidad previa, al punto de que se llenó la Plaza de Mayo para acompañarla. Ocurrió en el mes de junio. En enero había sido asesinado el fotógrafo José Luis Cabezas y Yabrán era señalado como responsable de ese hecho. Había sido identificado por Domingo Cavallo un año antes, en una sesión de Diputados, como el dueño de voluntades en el gobierno y en la oposición radical. Menem había reformado la Constitución y venía de ser elegido en 1995 en primera vuelta. El gesto de avalar la personalidad de Yabrán en público precedió a una derrota electoral del oficialismo ese mismo año 1997. La Alianza UCR-FrePaSo le ganó al PJ 46,94% a 36,37%. Era la primera elección de medio término hecha con la constitución reformada. El peronismo perdía su primera elección después de 12 años, imbatible desde 1985. El radicalismo ganaba su primera elección desde aquel mismo año. Se restauraba el bipartidismo. Yabrán se suicidó en mayo de 1998.
¿En qué punto se perdió el lazo que unía al peronismo menemista con la burguesía criolla que lo bancó durante una década de gobierno? ¿En qué momento la desmesura (Hybris en la tragedia griega) desmoronó la vanidad del poderoso? ¿Fue en el trapicheo de los cambios institucionales —reformas electorales, etc.—, en la economía, o en instancias inmanejables de la relación entre los votantes y los dirigentes, que se resuelve en ese hecho misterioso y multicausal que es el voto? Menem había asumido en julio de 1995 su segundo mandato y comenzó su caída en molinete, perdió en 1997 y en 1999. El control del liderazgo fulminó a Menem. En 1999 pudo ser de nuevo gobernador de La Rioja o, entre otros cargos que le prepararon, secretario general de la OEA. Pero a los dos años de salir, ya estaba preso. Presidía el Consejo Nacional del PJ, que sesionaba en su lugar de detención, la quinta de Gostanian en Don Torcuato (como una prefiguración de hoy, Cristina gobernando por control remoto desde San José 1111). Hubo desmesura en aquella defensa pública de Menem. Hubo desmesura esta vez en la defensa de un funcionario menor del gobierno por parte del presidente. El destino castiga la desmesura.
