El mediocampista cordobés se ha convertido en una pieza clave para el equipo de Ricardo Zielinski, destacándose no solo por su calidad técnica, sino por su rol como organizador del juego y su capacidad para equilibrar el orden y la imprevisibilidad en el campo.
Lucas Zelarayán, el capitán de Belgrano, es mucho más que un futbolista talentoso. En el actual Torneo Apertura, con 4 goles y una asistencia, su influencia trasciende las estadísticas. Su versatilidad le permite desempeñarse como mediocentro ofensivo o en las bandas, funcionando como el punto de conexión entre lo individual y lo colectivo dentro del esquema de Ricardo Zielinski.
Su estilo de juego, que combina la disciplina táctica con la creatividad del potrero, le permite adaptarse a la incertidumbre inherente al fútbol. Zelarayán organiza el juego, impone pausa o acelera según la necesidad del partido, y su lectura del juego mejora tanto el ataque como la defensa del equipo.
Este enfoque integral del deporte encuentra un paralelo en el pensamiento del filósofo francés Edgar Morin, citado por varios entrenadores de élite. Morin concibe los sistemas complejos, como un equipo de fútbol, donde el orden y el desorden interactúan constantemente. Zelarayán encarna esta dualidad: su genialidad espontánea puede romper estructuras, pero siempre está al servicio del equipo.
Su evolución desde su debut en 2012 lo ha convertido en un jugador indispensable, generando interés de otros clubes importantes. Sin embargo, el ‘Chino’ ha expresado su compromiso con Belgrano y su sueño de hacer historia con la camiseta celeste en el Gigante de Alberdi.
