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Bacterias de cuevas aisladas en México ofrecen claves contra la resistencia a los antibióticos

Microorganismos descubiertos en las profundidades de la cueva de Lechuguilla, aislados durante millones de años, muestran una resistencia natural que está ayudando a la ciencia a buscar nuevos fármacos.

En las profundidades de la cueva de Lechuguilla, en México, existe un mundo aislado y oscuro donde la vida ha persistido bajo condiciones extremas. “Puedes ingresar por una de las entradas y recorrer 16 horas en una dirección antes de llegar al final”, describe Hazel Barton, profesora de la Universidad de Alabama. “Estás muy lejos de la entrada, en lugares más inaccesibles que la Luna para la humanidad”. A pesar de la casi total ausencia de luz y alimento, allí habita una asombrosa diversidad de bacterias.

Estos microorganismos, aislados durante millones de años, han desarrollado estrategias únicas de supervivencia. Algunas extraen energía de las rocas y la atmósfera, mientras que otras son depredadoras de bacterias vecinas. Lo más llamativo es que poseen una resistencia natural a la mayoría de los antibióticos conocidos, a pesar de no haber tenido contacto con la actividad humana. La cueva se formó hace seis millones de años y gran parte de ella permaneció inaccesible hasta 1986.

Este hallazgo cobra relevancia frente a la creciente crisis mundial de resistencia antimicrobiana (RAM). Se estima que este fenómeno fue responsable directo de 1,14 millones de muertes en 2021. La resistencia en bacterias patógenas dificulta el tratamiento de infecciones y se atribuye principalmente al uso excesivo de antibióticos en medicina, agricultura y ganadería.

Sin embargo, investigaciones previas, como las del profesor Gerard Wright en 2006, ya habían encontrado genes de resistencia en bacterias del suelo no patógenas. Posteriores descubrimientos en glaciares antárticos, permafrost antiguo y tribus aisladas reforzaron la idea de que la resistencia es un fenómeno natural antiguo. No obstante, la comunidad científica buscaba una prueba definitiva en un entorno totalmente prístino.

La cueva de Lechuguilla, formada por la acción de ácido sulfúrico sobre piedra caliza y sellada por una capa de arenisca impermeable, ofreció ese entorno. “Nada puede entrar en la cueva a través de esa capa”, explica Barton. “El agua superficial tarda unos 1.000 años en llegar a la zona de muestreo, y el pasaje era virgen”. La imposibilidad de contaminación con antibióticos humanos convierte a estas bacterias en una ventana única al pasado microbiano y en una herramienta invaluable. Su estudio está ayudando a los investigadores a comprender los mecanismos naturales de resistencia y a buscar nuevos compuestos capaces de combatir a las temidas ‘superbacterias’.

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