Cada 8 de noviembre se recuerda a Remedios del Valle y se conmemora el Día Nacional de los Afroargentinos y de la Cultura Afro. Investigadores y activistas destacan la presencia afrodescendiente en la historia argentina y señalan persistentes dificultades para su reconocimiento.
El 8 de noviembre se conmemora el Día Nacional de los Afroargentinos y de la Cultura Afro, en coincidencia con el aniversario del fallecimiento de Remedios del Valle en 1847. La fecha busca visibilizar la presencia y los aportes de la población afrodescendiente en el país.
En el ámbito editorial se publicaron recientemente obras que abordan la historia afroargentina: la reedición de Una historia de la emancipación negra, de Magdalena Candioti (Siglo XXI); Cambundá. Historia de una nación afroargentina, de Lea Geler (Prometeo); y Argentina en blanco y negro. Afroporteños. 200 años de historia, de Virginia Martínez Verdier (Ciccus).
La investigadora Lali Corvalán afirmó a Clarín que “aún persiste una gran dificultad en reconocer la presencia africana en nuestra historia esclavista y colonial, la cual dejó un legado cultural fundante de nuestras tradiciones y expresiones populares (como el tango y la chacarera)”. Agregó que “dejó muchísimas personas afrodescendientes de aquella colonia, que lejos de desaparecer, son parte de nuestra sociedad y, en algunos sectores, continúan practicando sus músicas y costumbres familiares, como el candombe porteño y la rumba abierta en el conurbano bonaerense”.
Magdalena Candioti, investigadora del Conicet y profesora de la Universidad Nacional del Litoral, señala en su libro que en Argentina “prevalecen grandes silencios en torno al arribo forzado de miles de africanos y africanas a la región, sus experiencias y, sobre todo, sus luchas por emanciparse”. La historiadora cita fuentes que calculan en 200 mil las personas esclavizadas traídas desde África hasta la zona del Río de la Plata, transportadas en barcos que partían de puertos de Angola, Mozambique y la bahía de Benín. Una vez desembarcadas en Buenos Aires, algunas eran compradas por porteños y otras enviadas a Córdoba, Santa Fe, Potosí o Lima, y su rol era el de un objeto, según el libro.
Candioti, descendiente de una “parda libre” de Santa Fe, indica que la Asamblea de 1813 no abolió la esclavitud sino que decretó la “libertad de vientres”, es decir, que quienes nacieran después del 31 de enero de ese año, de padres esclavizados, serían “libres”. La reglamentación fue restrictiva y en la práctica los nacidos bajo esa medida terminaban tutelados por los amos de sus progenitores.
El libro Cambundá, de Lea Geler, historiadora, antropóloga e investigadora del Conicet, se focaliza en la creación y desarrollo de un espacio colectivo en un terreno adquirido en 1796 en el barrio porteño de Monserrat, que funcionó durante más de un siglo como lugar de reunión, memoria y resistencia de africanos y sus descendientes. Por su parte, Argentina en blanco y negro, de Martínez Verdier, construye un relato “testimonial y conjetural, de investigación documental, histórica y personal” de la familia paterna de la autora, proveniente del “tronco colonial”, conformado por africanos traídos como esclavos antes de 1810.
Lucía Molina, nacida en 1949 en Santa Fe y activista por el reconocimiento de la presencia afro en el país, declaró a Clarín: “Siempre existieron prejuicios que se naturalizaron hasta que se tomó la forma de discriminación, racismo, xenofobia”. Y advirtió: “Últimamente se ha acrecentado ese odio a nosotros y nosotras”.
Tamara Barbará, empleada en la Biblioteca del Congreso de la Nación, contó: “Mi familia fue traída esclavizada hacia 1650” y reivindicó a su madre, Elida Obella, y su tía María Elena Lamadrid, de 92 años, quienes junto a otras mujeres “empezaron a levantar la voz. Pasaron momentos duros, pero nada las detenía”.
Miriam Gomes, profesora de Letras y militante por los derechos de la población afro, con padres caboverdeanos llegados a la Argentina a mediados del siglo XX, sostuvo: “Ha cambiado la percepción, pero no en gran medida. Hay un sector más abierto de mente que está asumiendo esta realidad de la presencia negra en Argentina, y esto se debe también al trabajo que venimos haciendo desde las organizaciones”.
Emanuel Ntaka, hijo de padre sudafricano y madre argentina, exmiembro del grupo Mambrú, relató: “Por medio de la música, luego la investigación y la gestión cultural, fui explorando distintas maneras de conectar mi historia personal con una historia colectiva más amplia”.
Anny Orongó, nacida en Cali, Colombia, radicada en Argentina desde 2007 y docente en la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref), reflexionó: “Hay un racismo epistémico, con esta idea de que los pueblos africanos no producen conocimiento. Hay que ‘ennegrecer’ las currículas del sistema educativo argentino y restituir esa historia para todos”.
Nengumbi Sukama, licenciado en Administración de Empresas por una universidad de Kinshasa, llegó a la Argentina en 1995 y señaló las dificultades para conseguir trabajo en su área: “En lo profesional, siempre tener la piel oscura te lleva a la época colonial. Una vez, haciendo un trabajo de instalación eléctrica en un edificio en Caballito, la dueña se quejó diciendo: ‘¿Por qué mandaron a un negro a trabajar a mi casa?'”, relató desde Lanús, donde vive con su mujer argentina y espera la resolución del trámite de adopción de dos chicos de 14 y 11 años.
