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Estudios de psicología cognitiva vinculan la desviación de la mirada con el procesamiento mental

Investigaciones de la Universidad de Wisconsin-Madison y de las psicólogas Gwyneth Doherty-Sneddon y Fiona Phelps indican que apartar la vista durante una conversación puede facilitar tareas que requieren concentración. El contacto visual también cumple funciones sociales y su reducción puede responder a ansiedad, incomodidad o diferencias culturales.

Una persona formula una pregunta compleja y quien debe responder desvía los ojos hacia un costado, hacia arriba o hacia el suelo durante unos segundos, y vuelve a mirar al interlocutor cuando la respuesta está preparada. Ese comportamiento suele interpretarse como inseguridad, incomodidad o timidez. Sin embargo, la psicología cognitiva estudia desde hace décadas cómo apartar la mirada puede contribuir durante tareas que requieren pensar.

Expertos de la Universidad de Wisconsin-Madison realizaron cinco experimentos sobre este fenómeno. Observaron que las personas desviaban la mirada con mayor frecuencia cuando respondían preguntas que exigían más procesamiento mental. Además, cuando se les permitía apartar la vista, su rendimiento mejoraba.

La explicación propuesta es que un rostro contiene información abundante: movimientos, expresiones, ojos que observan y señales sociales que el cerebro procesa mientras intenta, al mismo tiempo, encontrar una respuesta. Mirar hacia otro sitio puede reducir temporalmente esa entrada de información y liberar recursos para la tarea mental.

Las psicólogas e investigadoras Gwyneth Doherty-Sneddon y Fiona Phelps arribaron a una conclusión similar al estudiar la llamada gaze aversion o aversión de la mirada. Su estudio mostró una relación entre la dificultad cognitiva y la frecuencia con que las personas apartaban los ojos. Las autoras concluyeron que una de las principales funciones de esa conducta es ayudar a gestionar la carga cognitiva producida por el entorno visual.

Trabajos posteriores aportaron evidencia en la misma dirección. Un estudio de 2017 describió la desviación de la mirada como un mecanismo activo para apartar la atención de estímulos visuales irrelevantes cuando la persona necesita concentrarse en una tarea no visual. Cuando la tarea era muy sencilla, prácticamente no aparecía la necesidad de apartar los ojos.

No todas las personas que bajan la mirada están pensando de manera intensa y la timidez también puede producir esa conducta. El contacto visual posee funciones sociales importantes y puede disminuir por ansiedad, incomodidad, diferencias culturales o hábito.

La clave está en el momento. Si una persona mantiene contacto visual durante la conversación, recibe una pregunta compleja, aparta brevemente los ojos mientras piensa y vuelve a mirar al comenzar a responder, ese patrón coincide con lo descrito por los estudios sobre carga cognitiva.

Por eso, exigir contacto visual permanente puede resultar contraproducente. Mirar a alguien mientras habla demuestra atención en determinadas situaciones, pero mirar hacia otro lugar durante unos segundos no demuestra necesariamente desinterés. En ocasiones ocurre lo contrario: la persona dejó de mirar porque está dedicando más recursos a comprender lo que acaba de escuchar y encontrar la respuesta que quiere dar.

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