El profesor de Ética de la comunicación de la Universidad Austral, [nombre del autor], publicó un artículo en el que reflexiona sobre la práctica de cancelar y bloquear en el debate público, y su impacto en la conversación social.
En un artículo titulado “Cancel.ar, bloque.ar, dialog.ar”, el profesor de Ética de la comunicación de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral, [nombre del autor], sostuvo que la cultura de la cancelación se ha nacionalizado y que el botón de bloqueo de algunas redes sociales facilita la cancelación de biografías ajenas.
El texto afirma que la expresión “estar bloqueado” cambió de significado: antes aludía a quedarse sin ideas, mientras que hoy nombra la acción de impedir que otro sea escuchado. Según el autor, el silencio actual “llega desde fuera y tiene la forma de una puerta cerrada”.
El artículo cita al filósofo Paul Virilio para señalar que “bloque.ar” es el “procedimiento silencio” y consecuencia de “cancel.ar”. También menciona a Éric Sadin y su concepto de “individuo tirano”, y a Byung-Chul Han con la noción de “infierno de lo igual”.
El autor recupera una idea de Wittgenstein: “los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”, y plantea que cada voz que se niega a oír estrecha el mundo compartido. Además, observa que las letras finales de “cancel.ar” y “bloque.ar” son las mismas que abren la palabra “argentina”, y sugiere que la comunidad se funda en la conversación.
El texto concluye que “la patria comienza, o debería comenzar, justo allí donde terminan la cancelación y el bloqueo”.
