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Especialistas explican el impacto de la falta de sol en el ánimo y el sueño

La baja exposición a la luz solar durante días consecutivos afecta la producción de melatonina, serotonina y vitamina D, según especialistas. Buenos Aires acumula más de diez jornadas con cielo cubierto.

Buenos Aires registra más de diez jornadas consecutivas con cielo cubierto, una condición que, de acuerdo con especialistas en sueño y psiquiatría, incide en el ánimo y el descanso de las personas. La neuróloga Stella Maris Valiensi, a cargo de la sección Medicina del Sueño del Hospital Italiano, explicó que la luz ingresa a través de la vista y llega al núcleo supraquiasmático, un grupo de neuronas que funciona como reloj central del organismo.

“La falta de luz matutina de alta intensidad no logra frenar de forma eficiente la producción de melatonina”, afirmó Valiensi. La glándula pineal libera esta hormona al caer el sol; en días con claridad su secreción se interrumpe rápidamente por la mañana, mientras que en días grises “presenta una cola de secreción matutina” que prolonga el cansancio durante buena parte del día. La especialista también mencionó el rol de la vitamina D, que la piel fabrica con el sol y cuya carencia “genera fatiga y falta de energía que a menudo confundimos con falta de sueño”.

El médico psiquiatra Gustavo Corra, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y docente de la carrera para médico ambientalista de la Universidad de Buenos Aires, señaló que en el consultorio prevalece “un ánimo más bajo, cansancio, irritabilidad y menos ganas de socializar”. La psicóloga Emilce Schenk, coordinadora del equipo psicosocial del Centro Hirsch, agregó la ansiedad que alimentan el encierro y la menor interacción social.

El especialista en sueño Pablo Ferrero describió al sol como “uno de los principales drivers del sueño, del ritmo circadiano” y recomendó incorporar rutinas estables: “Despertarte a la misma hora, desayunar siempre a la misma hora, hacer ejercicio siempre y almorzar a la misma hora”.

Daniel Álvarez, jefe de la Unidad de Patologías del Sueño de la Clínica Universitaria Reina Fabiola de Córdoba, afirmó que “la serotonina es un neurotransmisor asociado al estado de ánimo, y se necesita cierto efecto lumínico para que se active durante el día”. Menos luz implica menos serotonina y menos melatonina bien regulada. “Cambios sutiles no van a producir una depresión mayor ante una falta de luz por algunos días”, aclaró, aunque pueden ocasionar mayor cansancio, irritabilidad y desánimo transitorio. Recomendó salir a caminar en las horas centrales del día y consumir alimentos ricos en vitamina D como pescados grasos, huevos y lácteos enriquecidos.

Corra diferenció estos síntomas transitorios del Trastorno Afectivo Emocional (TAE), una depresión ligada a las noches largas entre otoño e invierno que dura semanas y afecta la vida cotidiana. “En la Argentina también se diagnostica. No es exclusivo de Escandinavia”, afirmó. Schenk explicó que “hay sociedades acostumbradas a atravesar inviernos largos, oscuros y grises, en los que las personas desarrollan estrategias para adaptarse. Cuando estas condiciones se presentan en lugares donde no son tan habituales, el impacto puede ser mayor”.

Los especialistas coinciden en que el umbral para consultar es de dos a tres semanas de malestar sostenido. “Si el bajón dura más de dos semanas, si empieza a afectar el trabajo, los vínculos o la vida diaria, o si aparecen síntomas graves como la desesperanza, es momento de consultar. No se trata de aguantar”, concluyó Corra.

El meteorólogo Mauricio Saldívar precisó que “se denomina ‘cielo cubierto’ cuando las nubes tapan del 87 al 100%”. “Es un invierno con mayor persistencia de nubosidad que la habitual, aunque no necesariamente extraordinario desde el punto de vista climatológico”, afirmó, y atribuyó la condición a la humedad del Río de la Plata y el Atlántico, vientos del este y frentes fríos débiles. Entre el solsticio de verano y el de invierno, Buenos Aires pasa de unas 14 horas y 35 minutos de luz diurna a apenas 9 horas y 50 minutos, y “la radiación incidente disminuye aproximadamente entre un 50 y un 60%, incluso con cielo despejado”.

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