Wellington Firmino, uno de los cinco bolsonaristas con prisión domiciliaria en Argentina, es representado por Francisco Oneto, abogado del presidente Javier Milei. Brasil solicita su extradición por su condena a 17 años por intento de golpe de Estado.
El 8 de enero de 2023, Wellington Firmino participó de las protestas contra Lula da Silva en Brasilia y fue detenido por la policía. Pasó once meses en prisión hasta que la Justicia decidió que esperara el juicio en libertad. En abril de 2024, mientras estaba donando sangre, recibió un llamado y supo que podía volver a la cárcel. Agarró su moto y, solo con lo que tenía puesto, recorrió 2.400 kilómetros. Llegó a Buenos Aires y después se instaló en Córdoba, donde tramitó el DNI y comenzó a trabajar. Unos meses después se enteró de la detención de dos brasileños que se habían fugado a la Argentina. Dice que entró en pánico y que, junto con un grupo de bolsonaristas, planificaron una fuga por tierra a Estados Unidos. Falló. Fue interceptado en la frontera de Jujuy, donde estuvo encerrado en una celda de Gendarmería durante 53 días. Mientras esperaba que se resolviera su situación, apareció Francisco Oneto, el abogado de Javier Milei.
Firmino recibió a PERFIL en un departamento del centro porteño. Es uno de los cinco bolsonaristas que están en Argentina con prisión domiciliaria. Brasil, donde fue condenado a 17 años de prisión por intento de golpe de Estado, solicitó su extradición. El juez Daniel Rafecas la concedió, pero el caso está en revisión de la Corte Suprema de Justicia. Mientras tanto, tiene en trámite un pedido de refugio permanente ante la Comisión Nacional para los Refugiados (CONARE).
Tiene 35 años y es moderado para hablar. Cuenta que comenzó a participar en movilizaciones contra el Partido de los Trabajadores (PT) en 2013 y que más tarde colaboró con la campaña de Jair Bolsonaro haciendo publicaciones en internet y asistiendo a los paseos en moto. Repite, una y otra vez, que el 8 de enero no cometió ningún delito: asegura que fue a protestar, que no participó del asalto y que ingresó a los edificios públicos porque la propia policía condujo a los manifestantes. En su celular conserva registros de ese momento.
Firmino es un prófugo con perfil alto. En octubre de 2024 publicó un video afuera de un edificio de la Fuerza Aérea Argentina burlándose del juez Alexandre de Moraes. “Estoy aquí. No me atraparás”, dijo entre risas. Las imágenes se viralizaron. Unos meses antes, en marzo, había conseguido que Elon Musk se pronunciara sobre su caso: “A menos que algo falte aquí, el castigo es desproporcionadamente excesivo en relación con el delito”, escribió el magnate en X.
De todas formas, según su versión, el interés de Oneto por su caso no fue algo buscado. Cuenta que cuando estaba en Jujuy primero se hizo cargo de su caso un defensor oficial y luego una persona, que funcionó como intermediaria, le ofreció los servicios del abogado de Milei a cambio de US$30.000. Se negó a pagarlos y entre siete y diez días después Oneto regresó y le propuso hacerse cargo de la causa sin cobrar. Hoy, el estudio y una abogada independiente, llevan su caso.
“Indirectamente, puede ser que haya recibido alguna ayuda”, dice Firmino sobre lo que significa la afinidad entre Milei y el bolsonarismo. La representación de Oneto es un ejemplo. Además, cuenta que dos brasileños están siendo representados por Damián Ezequiel Vega, a quien reconoce como un abogado de Patricia Bullrich. Dos personas del bullrichismo consultadas por PERFIL dijeron no conocerlo.
Para los bolsonaristas, este era el destino lógico y Firmino recuerda un tuit de la excanciller Diana Mondino, de junio de 2024, en el que expresó: “Argentina será santuario para aquellos que están siendo perseguidos por ejercer su libertad de expresión. Cualquier ciudadano de bien encontrará protección en nuestro suelo y embajadas”.
Revista Crisis replicó en argentina un trabajo de The Intercept Brasil, que describió una trama de asistencia jurídica y financiera para los prófugos. Firmino describe una organización creada de forma espontánea por personas que se comunican entre sí por compartir una situación similar. Asegura que su familia lo ayuda a sortear los gastos que le demanda estar con prisión domiciliaria.
Cuando buscó ayuda en la ACNUR, la agencia de ayuda para refugiados de la ONU, o la Embajada de Brasil. En un momento fue a la oficina en Puerto Madero de Fernando Cerimedo, uno de los referentes del universo libertario más conectados con el bolsonarismo. “No lo encontré. Ahora pienso que tuve suerte”, dice.
Cuando se consulta sobre dirigentes de La Libertad Avanza menciona a la diputada Celeste Ponce. “Fue la única que fue a visitar a los presos”, cuenta. En efecto, en diciembre de 2024, la cordobesa fue a la Comisaría Octava de La Plata, junto a Eduardo Bolsonaro, para reunirse con Joelton Gusmão de Oliveira y Rodrigo de Freitas Moro Ramalho.
Cuando estuvo preso en Brasil, Firmino fue testigo de la muerte de otro bolsonarista, Cleriston Pereira da Cunha, que falleció por un infarto. Poco después salió en libertad. Cuando estuvo preso en Jujuy, dice que casi se vuelve loco. Ezeiza fue el mejor penal, pero reniega de la idea de volver a estar encerrado.
El balotaje en Brasil será el 25 de octubre. Una parte de los bolsonaristas se entusiasma. Firmino piensa que el cambio político en su país puede colaborar, pero confía sobre todo en la conocida Lei da Dosimetria, que modifica el cálculo de las penas para determinados delitos vinculados al 8E. “Después de todo esto, no hay forma de decir que no quiero saber más de política, porque todo en la vida es política”, asegura.
