En el arroyo Felicaria, en la segunda sección del Delta del Paraná, se encuentra la Isla de las Camelias, un predio que alberga la mayor plantación de camelias de Sudamérica, con una colección de entre 40 y 50 variedades. El espacio ofrece visitas guiadas y eventos hasta octubre.
En el Delta del Paraná, sobre el arroyo Felicaria, se ubica la Isla de las Camelias, un predio que alberga la mayor plantación de camelias de Sudamérica. El acceso se realiza en lancha desde la estación fluvial de Tigre, con una navegación de aproximadamente una hora y media hacia la segunda sección del Delta.
La historia del cultivo se remonta a Horacio Márquez, ingeniero electrónico, y su esposa Luisa, quienes tenían en el lugar un cultivo de hortensias, azaleas y camelias. La crecida del río de 1985 cubrió la zona durante un período prolongado. Al bajar las aguas, las camelias fueron las únicas plantas que sobrevivieron. A partir de entonces, Horacio Márquez investigó la especie, recorrió viveros y ferias, intercambió conocimientos con coleccionistas e importó plantas madre de distintas partes del mundo. El vivero se orientó a la búsqueda, conservación y reproducción de camelias.
Según se informó, las condiciones del Delta resultan favorables para esta flor por la calidad de los suelos, los niveles de humedad ambiental y la calidad del agua, lo que permite un desarrollo más vigoroso y acelerado que en otras regiones. Los antiguos lotes de plantas madres destinados a la producción comercial se transformaron progresivamente en un bosque donde conviven camelias de gran porte con pinos.
Actualmente, Hernán Márquez, hijo de Horacio, está al frente del proyecto junto a Marina, su pareja. Hernán es floricultor especializado y se perfeccionó en Estados Unidos en cultivos intensivos y mejoramiento vegetal en laboratorios. “Heredé un hobby de mi padre y lo convertí en una carrera”, declaró Hernán Márquez.
La Isla de las Camelias reúne una colección de entre cuarenta y cincuenta variedades, entre especies e híbridos. Esta colección es comparable con viveros de Estados Unidos, como el Huntington Garden en California, o con jardines botánicos de Francia e Inglaterra, según se indicó.
Entre las especies del predio se destaca la Camelia Japónica por ser la más común. La colección incluye camelias simples de una o dos coronas de pétalos y flores dobles de compleja densidad imbricada. También se conservan variedades de camelias perfumadas. Hernán Márquez aclaró que, aunque la creencia popular sostiene que las camelias no tienen aroma, existen especies particulares que sí lo poseen.
Las sucesivas crisis económicas nacionales y el declive de la industria de las flores en la Argentina afectaron al sector. Frente a este escenario, el antiguo vivero se reconfiguró en un santuario o reducto donde las camelias se atesoran.
Las camelias florecen entre julio y octubre. Las visitas comienzan temprano a la mañana en la estación fluvial de Tigre. El recorrido incluye charlas sobre la historia del lugar, técnicas de cultivo, multiplicación y cuidados, complementadas con talleres temáticos de fotografía, literatura, arte y jardinería. Históricamente los recorridos empezaban en julio, pero actualmente la floración principal se ha desplazado hacia finales de agosto y principios de septiembre, lo que evidencia un corrimiento en las temperaturas invernales que impacta en las plantas.
Para Hernán Márquez, la colección guarda una relación directa con el arte, asimilable a una pinacoteca viva. Su objetivo central se enfoca en preservar esta colección y trabajar en la reproducción vegetal para mantener las especies.
En lo que resta del año, quedan dos visitas programadas. El sábado 3 de octubre se realizará una ceremonia japonesa de té con Malena Higashi. El sábado 10 de octubre se llevará a cabo un concierto del Dúo Bote, con Flor Bobadilla Oliva (voz) y Abel Tesoriere (guitarra).
